Lunes 3 de agosto de 1998

 








 

 

MENSAJE
El rastro del perfume

Hermano Pablo
Costa Mesa, Califonia

E
ra su perfume favorito. Fuerte, penetrante. Un perfume varonil, muy del gusto de cierto tipo de mujeres. Y a Gaspar Negrón, de Chicago, joven de 18 años, le gustaba usarlo.

Una noche que regresaba a su apartamento vio en la lavandería pública del apartamento a una joven que lavaba su ropa. Eran como las 12 de la noche, y con maldad en su corazón simuló tener que lavar él también algunas piezas de ropa. Sorprendiendo a la joven, la asaltó y la violó allí mismo en la lavandería. El sabía que ella no podría identificarlo porque era ciega.

La joven ciertamente no lo pudo ver, pero sí olió su perfume. Y días después ante la rueda de sospechosos en la estación de policía, ella lo identificó incuestionablemente. A Gaspar Negrón lo condenaron a diez años de prisión por asalto y violación. Cómo pudo ella identificarlo? "Fue por su perfume", dijo la joven. A Garpar Negrón lo delató su perfume favorito. Estaba impregnado de él, y aunque pasara un día sin aplicárselo, con todo, seguía exhalando su esencia.

Hay también muchos perfumes de índole moral, perfumes buenos y perfumes malos, perfumes agradables y desagradables. Una persona que es comprensiva y sabe perdonar, y que siempre está dispuesta a olvidar ofensas y restaurar una amistad que se ha roto, es una persona que exhala buen perfume. Por dondequiera que vaya esa persona exhalará olor a vida.

El hombre adúltero o la mujer adúltera, por más finos perfumes franceses que use, siempre dejará como rastro un perfume de muerte, un mal aroma que supone ruina del matrimonio, del hogar y de la vida de sus hijos.

El que es generoso y servicial despide olor a jardín florido. El avaro y tacaño, olor a sepulcro. El que siempre dice la verdad y jamás ofende de palabra a nadie, despide olor a trigal maduro. El mentiroso y calumniador desparrama olores a podredumbre.

La gratitud tiene olor a rosas; la ingratitud, olor a carriña. Porque al fin de cuentas en el mundo moral, sólo hay dos olores: los que inventa el diablo y los que crea Dios. Los que agradan a Dios llevan olor a cielo y a vida; los que no lo agradan, olor a infierno y a muerte. Permitamos que Dios perfume nuestra vida desde hoy.

 

 

 

 

 

CULTURA
Brecht de otoño, Magritte de invierno.

 

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