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EDITORIAL
Hospital Psiquiátrico
Una familia que reza unidad, permanece unida”. Ese viejo refrán lanzado hace años por la Iglesia Católica, tiene sus repercusiones hoy cuando la sociedad se enfila en caminos empedrados por desvalores y desunión. Y es el Hospital Nacional Psiquiátrico donde parecen continuar las riendas de aquel mensaje.
Resulta que la institución responsable de velar por la salud mental de la población panameña, está reformando su formato de terapias.
La realidad indica que aquellos ciudadanos con algún tipo de trastorno emocional con repercusiones en su salud mental, se habían convertido en huéspedes eternos del Hospital Psiquiátrico.
Eran llevados ahí por sus familiares para quienes en algunos casos, se habían convertido en “una carga” y por cuestiones de ocupaciones consideradas prioritarias, no podían dar las atenciones requeridas.
Luego, dejaban sus cuidados a la institución y aquellas personas pasaban a convertirse prácticamente en huérfanos, como ocurre, en la mayoría de los casos, en los asilos y orfanatos.
En épocas anteriores, una persona con desequilibrios emocionales eran condenada prácticamente a morir en ese estado, pero hoy con los avances científicos aplicados a la salud, ese es un eslabón superable y aquellos considerados “locos” tienen una esperanza de recuperación, sobre todo cuando el calor familiar juega un papel importante en esa terapia.
Por ello, lo que en un momento causó alarma en la población por los supuestos rumores de que el Hospital Psiquiátrico Nacional cerraría sus puertas a los pacientes con trastornos mentales, hoy se convierte en una buena noticia para quienes tienen allí algún familiar que recibe tratamiento.
De acuerdo a un convenio internacional con atención a los desvalidos, la terapia que reciben los desequilibrados emocionalmente deberán ser complementada con el apoyo familiar, a fin de que estos pacientes puedan reintegrarse en la sociedad de la cual se encuentran apartados momentáneamente.
Los organismos internacionales como la OMS y OPS exigen la participación de la familia en este plan de recuperación mental, y Panamá, según informes, ha venido participando en ello de manera sutil, sólo que ahora la aplicación será de manera explícita.
Si aquellos hombres y mujeres que habitan en el Hospital Psiquiátrico Nacional comparten con su entorno normal y sienten el calor de sus seres queridos, su calidad de vida alcanzará notables resultados, y por ende, sus derechos humanos son respetados.
Por supuesto que para llegar a ese paso primero deberá actuar un equipo especializado que determine que el paciente está capacitado para participar del plan, demostrando estabilidad emocional.
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PUNTO CRITICO |
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