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EDITORIAL
La República enferma
Así como la Caja de Seguro Social se ha convertido en la caja menuda del Gobierno Nacional, el Fondo Fiduciario lo miran con voracidad tanto los políticos oficiales como los de oposición, que no escatiman en hacer ofertas para que se gasten estos dineros producto de las privatizaciones.
A pesar de que supuestamente estamos en un régimen de austeridad, el Gobierno ha convocado a la Asamblea Legislativa a sesiones extraordinarias y los altos funcionarios no pierden oportunidad en atender alguna invitación como las ceremonias de transmisión de mando.
Observadores extranjeros no salen de su asombro cuando en un país que se dice que está en precariedad económica se gasta más de 2 millones de balboas en organizar un Festival Mundial de la Juventud.
A todo esto el gobierno pareciera hacerse el indiferente con las declaraciones dramáticas del obispo Rómulo Emiliani sobre las amenazas de muerte al ilustre prelado, y poco a poco se va echando un manto de olvido al caso del insólito asesinato del abogado Roque Pérez.
El gobierno vive una fantasía, porque no percibe lo que pasa en su entorno y le da más importancia a la politiquería criolla que más temprano que tarde lo puede hacer colapsar.
El avance de la criminalidad con menores de edad, el tráfico de drogas, el blanqueo de activos y la corrupción en general siguen minando la credibilidad de nuestras autoridades que no se han querido percatar del grave fenómeno de descomposición moral que proyecta nuestro país.
Panamá es una República enferma, no sólo desde el punto de vista económico, sino por la falta de ética e inversión de los valores.
Estamos en los umbrales de un nuevo siglo y no se perciben cambios en las actitudes de gobernantes y gobernados, ya que el pueblo también es culpable por darle un voto de confianza a los políticos de siempre para después rumiar su amargura cuando estos personajes frustran sus deseos de mejoramiento social.
Las masas irredentas de nuestro país tienen que aprender a desconfiar de estos políticos que con el engaño y la demagogia cambian de acuerdo a los giros que da la situación y por eso están siempre en el poder.
Los que gobiernan ya han "sacado las uñas" y eso debe servirnos de lección. Pero este pueblo parece que no tiene remedio porque volverá a cometer los mismos errores, a menos que haya una fuerza política nueva que desaparezca la podredumbre y el recuerdo amargo de administraciones anteriores.
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PUNTO CRITICO |
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