Cuatro días antes de la invasión militar estadounidense del 20 de diciembre de 1989, el ex dictador Manuel Antonio Noriega se había declarado Jefe de Gobierno y proclamó el estado de guerra con los Estados Unidos. El clímax de la conflagración evidenció la soberbia del otrora "hombre fuerte" de Panamá, sin considerar siquiera la inminente entrada de los soldados extranjeros en suelo patrio.
Posteriormente, el 3 de enero de 1990, tras asilarse en la Nunciatura Apostólica, Noriega es llevado a la base aérea de Howard y a bordo de un avión aterrizó en Miami, para enfrentar la justicia en Estados Unidos por acusaciones de narcotráfico.
Han pasado 17 años de estos hechos, cosa que una generación completa no recuerda los eventos que cambiaron el curso de la historia panameña. Para los jóvenes de ahora, Noriega era como otro demagogo latinoamericano que perdió gracia ante el poder del Norte, un dinosaurio del pasado lejano que no parecía que volvería.
Hace una semana, Estados Unidos sorprendió a todos anunciando que Noriega sería trasladado hacia Francia, en donde encara un proceso judicial desde 1999 por lavado de dinero. Allá tiene 10 años más que purgar en prisión y pagar 16 millones de dólares en multas.
Hemos sido testigos en los medios del debate de las supuestas responsabilidades jurídicas entre Panamá, Estados Unidos y Francia, sobre quien debe definir el futuro de la "papa caliente" que representa Noriega. Sin embargo, hay dos elementos claves en el tema.
La declaración de Noriega como "prisionero de guerra" por la justicia norteamericana en 1992, puede ser determinante para enviar o no al ex dictador a Francia. La Convención de Ginebra de 1949 dice claramente que Noriega debe ser repatriado.
Otro punto es el precedente jurídico en Derecho Internacional Público sobre casos similares. Allí está la polémica de Augusto Pinochet, que siendo detenido en 1999 en Londres y requerido por la justicia española, fue solicitado insistentemente por Chile para que primero fuera juzgado el militar por sus crímenes en Sudamérica, antes que en Madrid.
Entonces, Panamá tendría prioridad en solicitar al ex dictador, si insiste en ello.
No es un secreto que las recientes reformas al Código Penal panameño, de dar casa por cárcel a los mayores de 70 años de edad, parecen dar la oportunidad al ex dictador, de 73 años, para que no sea encarcelado en La Joya o en El Renacer, pese a sus cinco condenas, 21 casos pendientes y 62 años que tendría que pagar tras las rejas.
Apostamos a que la justicia norteamericana terminará mandando a Noriega hacia París, en donde Washington tiene más confianza en los franceses con el manejo de los prisioneros del tipo de calibre como el ex militar istmeño. Recordemos que allá en Francia, hasta el ex presidente Jacques Chirac enfrenta la justicia por acciones dolosas, mientras que Carlos "El Chacal" está encarcelado por sus atroces crímenes.
Mejor que el MAN vaya aprendiendo francés, para que no tenga complicaciones lingüísticas cuando llegue al aeropuerto Charles De Gaulle y se acomode su habitación en las mazmorras parisinas.