Cuando quieran emprender hacia un objetivo y sobre todo que tenga que ver con los estudios, no hay peros que valgan y aunque te digan que esa carrera no tiene futuro o no tiene campo, hay que seguir adelante y conseguir lo que se quiere.
La anterior reflexión surge después que terminé de estudiar la Licenciatura en Administración de Empresas y decidí ingresar a la Escuela de Educación diversificada, ya que a parte de obtener otro título universitario me agradaba la idea de utilizar mis conocimientos para trasmitirlos a otras personas a través de la docencia. Fue un mundo nuevo, cosas distintas a las conocidas a la de mi anterior carrera, pero aún así seguí adelante. Durante esa época de estudiante, me encontré con ex compañeros de la carrera de administración y me cuestionaron sobre mis estudios en educación. El conocimiento no tiene límites y les fue duro y difícil digerir en ese momento, que yo estuviera estudiando una carrera en educación y uno de ellos me señaló que, cómo podía "después de haber estudiado Administración de Empresas en donde aprendes a hacer líder, donde te enseñan a seleccionar personal y tomar las mejores alternativas, estuviera retrocediendo, dando charlitas a niños, sobre distintos métodos de enseñanza para la escritura y la lectura", como es mi vocación enseñar, pasé por alto el comentario y renové mi impulso a la docencia.
Pero mi mayor satisfacción la obtuve unos años más tarde, cuando aquellos mismos ex compañeros de estudios en administración de empresas, mismos que señalaron un error en mi rumbo y que criticaron mi vocación, los encontré estudiando docencia en la escuela diversificada, ahora graduados de profesores, detrás de un pizarra, ante estudiantes que les exigen nutrir su conocimiento y que estoy segura que, tanto ellos como yo, lo hacemos con amor a la educación, a la enseñanza, a los estudiantes y a la patria.
Por eso inicio esta reflexión, que no hay pero que valga, no hay carrera mala si se tiene la vocación de enseñar.