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El presidente de Indonesia, Abdurrahman Wahid, ha vivido el sueño de conducir la cuarta nación más poblada del mundo, pero la Asamblea Consultiva del Pueblo le ha despertado al comenzar a juzgarlo por supuesta corrupción y mal gobierno. El veterano mandatario ha dispuesto de casi dos años de mandato para aplicar sus ideas sobre democracia y desarrollo, sin embargo ha fracasado en la misión, en opinión del Legislativo, y ahora debe dejar el puesto a otro.
Wahid, de 60 años, proviene de una familia islámica javanesa y dirigió durante 15 años, hasta su investidura como presidente de Indonesia, la organización religiosa Nahdlatul Ulma, la principal del país con 40 millones de fieles.
Sus ideas progresistas, su oposición al régimen de Suharto y su capacidad intelectual lo convirtieron en la "esperanza" de muchos indonesios cuando llegó a la Presidencia, en octubre de 1999, pese a que su partido fue sólo el cuarto en las elecciones generales de junio de ese año.
Wahid demostró su calidad como hombre político al ganarse, pese a sus limitaciones físicas, medio ciego y con problemas de movimiento debido a dos embolias, la confianza de los demás partidos y arrebatarle la presidencia a Megawati, su amiga y vencedora en las elecciones.
No obstante, su incapacidad para cumplir las promesas de traer la democracia, luchar contra la corrupción y solucionar los conflictos regionales se ha convertido en una "espada de doble filo" que ahora esgrime el Legislativo para expulsarlo de la Presidencia. Wahid insistió en que no se le puede culpar por los problemas del país, "porque la historia es la responsable de lo que está ocurriendo". |