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La ignorada Bahía de Chuchas

Ricardo Bustamante
Crítica en Línea
Motivo esta exploración confirmar lo establecido por el Arq. Español Agustín Crame en su mapa fechado enero 27d e 1979. En dicho mapa de la ciudad de Portobelo sus áreas adyacentes señala las fortificaciones de Costas, montañas, ríos y lagos dentro de la Bahía de Portobelo. Este antiquísimo mapa fue adquirido en Argentina por mi hijo Ricardo Bustamante Valdés dueño de la Bella Epoca. Chito Bustamante, socio veterano del Club de Yates y Pesca, le llamó poderosamente la atención porque el mapa presentaba un lago llamado Bahía de Chuchas y que solamente tenía acceso por un estrecho canal. Pensamos que dicha Bahía de Chuchas no era más que un muy apropiado escondite para las naves de Guerra españolas que utilizando el canal para salir sorprendían a los piratas durante sus continuos ataques a Portobelo. Nuestro espíritu investigativo y aventurero nos impulsó a preparar una expedición para explorar dicha área, ya que en este año 1996 se conmemoran los 400 años de la fundación de la ciudad de Portobelo y consideramos que podía ser interesante dar a conocer el antiguo mapa y los señalamientos, ubicación y nombres de los lugares indicados en aquella época. Llegamos a las cercanías de Portobelo y alquilamos un cayuco con motor fuera de borda piloteado por un portobeleño que también nos sirvió de guía. Con cámara y binoculares partimos navegando para llegar hasta el lado opuesto de la hermosa Bahía de Portobelo tomamos fotografías de una casa de concreto abandonada con unas 4 ó 5 habitaciones construida a la orilla de la entrada de Bahía Calderas. Cuando llegamos a la entrada del Canal que conducía a Bahía de Chuchas nuestro guía detuvo el motor aludiendo que debido a la posible poca profundidad tendríamos ahora que avanzar impulsándonos con el canalete. Entrando lentamente por el canal señalado en el antiguo mapa notamos que las orillas estaban llenas de plantas que crecen en los pantanos y dificultaban a desembarcar en las laderas. Navegando impulsados por el canalete operado por el guía que temeroso nos mostraba movimientos en las muy turbias aguas salobres, causadas por peces de regular tamaño, anunciando que también podíamos encontrar lagartos. En dicho solitario canal como de 25 pies de ancho, nos sentimos en completo contacto con la madre naturaleza que nos rodeaba oyendo solamente el chapoteado producido por el canalete y cantos de los pájaros salvajes y grillos que habitan en las márgenes del canal. Por fin, llegamos al final de canal donde nos encontramos ya de frente con una extensión circular como un gran estanque de aguas tranquilas como "Sopa en un plato". Después de un prolongado silencio motivado por el miedo a lo desconocido, porque debemos confesar que nuestro cayuco podía ser atacado sorpresivamente por algún animal acuático prehistórico habitante en el fangoso lodo al ver extraños turbando la tranquilidad reinante de su acostumbrado hábitat natural. Durante la inspección ocular pudimos comprobar fehacientemente que en dicha Bahía de Chuchas desemboca un río llamado Miura; que los sedimentos del río Miura, es el causante de que dicha Bahía tenga una profundidad de 3 y 4 pies de fondo y su lecho de lodo tenga cerca de 18 pulgadas de espesor. Habitan varias especies de peces, que el agua es salobre por la influencia de las mareas de la Costa Atlántica sube pocas pulgadas. El 50% de los sedimentos del río quedan depositados en el fondo, debido a que el estrecho y poco profundo canal natural de desagüe retiene gran cantidad de los sedimentos antes de desembocar al mar. En el centro de esta Bahía habían crecido algunos arbustos por razón de los sedimentos allí acumulados. Por la tranquilidad e incertidumbre que sentíamos en este solitario y abandonado lugar rápidamente decidimos emprender la salida por el mismo canal natural por donde llegamos y nos sentimos más tranquilos cuando desembocamos a la Bahía de Portobelo. Aprovechamos este viaje para visitar también los Fuertes de Costa llamados por los militares de la época Batería Baja y Batería Alta de San Fernando. Navegando de regreso desde nuestro cayuco pudimos admirar la antigua ciudad de Portobelo antes de desembarcar y volver a pisar tierra firme.
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