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La cantante gastó bromas y compartió con su público que la premiaba con aplausos.  |
ATLAPA tembló y Olga Tañón fue la responsable del estremecimiento de las paredes del teatro Anayansi la noche del pasado martes.
Es que la "Mujer de Fuego" llegó a Panamá "prendida" en energía y talento para ofrecer un concierto a beneficio de la Fundación Pride.
Una Olga alegre, campechana y segura de sí misma dominó un escenario complementado con pantallas gigantes, "banners" y juego de luces que realzaban la figura de la mujer metida en unos pantalones negros ajustados con una blusa rumbera color rosado.
La merenguera abrió su espectáculo con el tema "Pegadito" acompañada por su cuerpo de baile integrado por cuatro jóvenes atléticos que danzaban al ritmo contagioso y tropical.
Un público fanático apostado en cada una de las butacas del Teatro, aplaudía a rabiar mientras lanzaba gritos de euforia demostrando su simpatía a la cantante puertorriqueña de carisma y talento.
Desde las 9:29 p.m. hasta las 11:06 Olga Tañón se apoderó de los ánimos de casi la mitad de la población capitalina que bailó, cantó, aplaudió y rió junto a la cantante.
Más de doce temas del viejo y nuevo álbum de la merenguera fueron interpretados esa noche de ritmo caribeño: Castígame, Yo por ti, Mentiroso, Prohibido el paso, Basta ya, Tú te lo pierdes, Mi corazón aventurero, Muchacho malo y otras donde el público también aportó su conocimiento haciendo voces.
Pero Olga no solo vino a Panamá a cantar y bailar sino también a dar clases de baile. A las 10:00 p.m. mientras algunos ciudadanos estarían en sus casas u otro lugar, otra parte estaba aprendiendo nuevos pasos de baile con Olga Tañón a un ritmo más que movido.
La "Mujer de fuego" abandonó el escenario una primera vez, siendo las 10:14 para aparecer dos minutos después metida en sus pantalones negros pero ahora con un parejo de igual color, bailando un rock merengue avivando la llama de euforia en sus fanáticos.
Hubo quien dijera (un hombre) que Olga es su "esposa fuera de Panamá" en tono de bromas.
Tampoco hubo nadie que se quedara sentado en su butaca: adolescentes, jóvenes, hombres, mujeres, adultos y hasta de la tercera edad tenían sus rostros desfigurados por la emoción.
Es que Olga es una mujer sencilla que con su desenvoltura y su voz mezzo soprano ha cautivado el corazón de toda Latinoamérica.
Esa noche en Panamá, la artista que tiene como costumbre regalar sus zapatos a raíz de un acontecimiento en su primera visita a este país, compartió sus sentimientos de solidaridad para con los estudiantes que apoyan a Pride, diciendo que ella (Olga) también viene de una escuela pública y siguió sus sueños y los alcanzó. "Ustedes también sigan sus sueños", invitó.
A diferencia de otras ocasiones, esta vez Olga no regaló sus zapatos, sino que los vendió en una subasta para beneficio de la Fundación Pride.
Fueron propuestos algunos compradores que se encontraban en el público, entre ellos se dieron los nombres de "Ricardo" y "Raúl" mientras la gente se preguntaba "¿Martinelli?", "¿Quién?".
Fue "Martín (¿? (pero no Torrijos)" el afortunado quien adquirió las botas que calzaba Olga esa noche, por el precio de B/.400.00.
La boricua también dejó a la Fundación su brazalete brillante para que sea colocado en las oficinas de la institución como un recuerdo suyo.
Siendo las 11:06, Olga se despidió de un público ávido por seguir escuchándola, pero a petición del tradicional "otra, otra" regresó para ser sorprendida por un obsequio floral que le entregó el Presidente de la Fundación.
"Me siento como reina de carnaval (panameño)" dijo entre risas la cantante resaltando que Panamá tiene una particularidad que no tienen otros países y es el movimiento de las manos de sus reinas y princesas.
Imitando a una soberana de carnaval, Olga se paseó por el escenario con el ramo de flores para luego alborotar nuevamente al público con su última interpretación de la noche: "Que se vaya" a petición popular.
"Oye, eso ofendería a cualquier cantante", dijo con su característica risa, "pero vamos, ‘Que se vaya’ prrrrrrrrrrrrrrrrrrrr ricooo". |