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En un país como el nuestro, con muchas necesidades sociales por atender y con tan pocos o escasos recursos disponibles para hacerle frente a la solución de los mismos, se hace necesaria la colaboración de la sociedad en general para aliviar o resolver parte de los flagelos que nos azotan.
Es así como sectores profesionales, empresariales, cívicos, gremiales y otros, se agrupan en fundaciones, organizaciones, comités y otros, a fin de lograr recursos técnicos, científicos, logísticos y económicos para procurar disminuir o erradicar algunos de los problemas sociales.
Entre los problemas más comunes que atender sobresalen algunas enfermedades endémicas, congénitas, unas fatales o terminales, como también enfermedades sociales, como la adicción a algunas de las drogas o estupefacientes, muy en boga en las décadas recientes.
Todos, sin excepción estamos expuestos, aunque no lo deseemos, a la posibilidad de tener en nuestras familias, hogares o vecindarios una situación de este tipo ya sea una enfermedad corporal, material, social o espiritual.
Muchas veces cuando los grupos organizados solicitan la colaboración para el éxito de algunas de sus actividades, nos negamos a colaborar o a contribuir, cuando muy bien podemos hacerlo.
Pudiera ser que nos falta sentido común, conciencia cívica, sensibilidad social, espíritu de colaboración, a pesar de que nos autodenominamos hijos de Dios, independientemente de la religión que profesemos.
Se hace necesario que seamos más desprendidos con obras filantrópicas, caritativas y de solidaridad humana. |