EE.UU. intenta conseguir que los países del G-8, que iniciaron ayer su cumbre anual en San Petersburgo, aprueben una resolución condenando a la milicia libanesa de Hezbolá y al movimiento islámico palestino HAMAS.
El consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley, explicó que la resolución criticaría además a Irán y a Siria por "actuar de modo que pone en peligro la paz".
En declaraciones a la prensa que acompaña al presidente de EE.UU., George W. Bush, en la cumbre, Hadley indicó que esa resolución también expresaría la necesidad de apoyar al Gobierno libanés y de mantener la democracia en ese país.
EN LA CAPITAL DE LOS ZARES
Bush abordó la crisis en su reunión con el presidente ruso, Vladímir Putin. Ambos expresaron su "preocupación" acerca del aumento de la violencia y condenaron a Hezbolá, aunque Putin también exhortó a Israel a responder de manera "equilibrada".
Rusia y Estados Unidos acordaron también una iniciativa para "combatir el terrorismo nuclear", propusieron que todos los países puedan acceder al uso pacífico de la energía atómica, pero no consiguieron un acuerdo que propiciaría el ingreso de Rusia en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
En una reunión bilateral previa a la cumbre del G-8, los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y Estados Unidos, George W. Bush, afirmaron que la "cooperación en la energía nuclear civil está de acuerdo con los intereses estratégicos de las dos partes".
La declaración conjunta destaca la necesidad de "controlar, asegurar y proteger físicamente el material nuclear y el resto de sustancias radiactivas, así como las instalaciones".
Esta iniciativa llega en un momento en que están abiertas las crisis nucleares de Irán y Corea del Norte.
Por otra parte, Rusia y Estados Unidos fueron incapaces de cerrar un acuerdo comercial que propiciara el ingreso del primero de los dos países en la Organización Mundial de Comercio.
El presidente ruso quería que el acuerdo fuera firmado antes de la reunión anual de los jefes de Estado y de Gobierno del G-8 y que pusiera prácticamente fin a diez años de intentos rusos para acceder a la OMC.