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MENSAJE
LO QUE SOSTUVO A LOS PRISIONEROS EN HANOI

Redacción
Crítica en Línea
El capitán de navío, Howard Rutledge, pasó seis años como prisionero de guerra en Vietnam. Al principio era hombre indiferente a la religión, casi un ateo. Pero desde que pisó el suelo de la prisión, sintió que debía buscar en Dios la paz y la serenidad que necesitaba en esos momentos. Al regresar a su país después de tanto tiempo dijo que, por regla general, los prisioneros de guerra se sostuvieron en la larga espera recitando de memoria pasajes de la Biblia. No había Biblias en los campos de los prisioneros, ni manera de conseguirlas. Así que el que sabía de memoria algún pasaje, lo recitaba a sus compañeros hasta que todos lo aprendían. Las porciones bíblicas más conocidas eran: las Bienaventuranzas del Sermón del Monte; el capítulo 13 de la primera carta de San Pablo a los Corintios, llamado «el capítulo del amor»; el capítulo 12 de la carta a los Romanos; el versículo 16 del tercer capítulo del Evangelio según San Juan, llamado «la Biblia en miniatura; y el Salmo 23, «el salmo del pastor». Una cosa curiosa comprobó el capitán Rutledge: aquellos que tenían fe, pero una fe débil y una religión superficial, estuvieron a punto de perder toda su fe. Pero aquellos que eran indiferentes y aun ateos se convirtieron a Cristo y hallaron en Cristo el sostén moral y espiritual que les hacía falta. Un hombre que era totalmente reacio al Evangelio y hostil a la Biblia dice que cuando pisó el suelo de Hanoi, sintió consigo la presencia de Dios, y una voz que le dijo: «Yo estaré contigo, y tendré cuidado de ti.» Con esta confianza el hombre soportó serenamente el largo cautiverio y se transformó en uno de los más fieles creyentes de todo el campamento. La fe en Cristo y la confianza en la eterna e infalible Palabra de Dios, la Biblia, es la potente ayuda para los momentos de crisis. Sin embargo, no es necesario llegar a un punto crítico de la vida para comenzar a tener fe. Ahora mismo, en medio de la paz y la calma así como en medio de la amargura, debemos reconciliarnos con Dios, mediante Jesucristo, y confiar para todas nuestras necesidades en el Señor que vive para siempre.
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