En todas las empresas, entidades gubernamentales y organizaciones hay ciertas unidades que se "untan" del éxito trabajado por uno o más compañeros, sin haber ellos movido un solo dedo.
Año tras año, proyecto tras proyecto, tarea tras tarea, utilizan el esfuerzo y dedicación de compañeros o subalternos para ellos escalar en prestigio, salario y posiciones. Y todo esto sucede mientras que los cerebros que realmente "cranearon" las grandes ideas y soluciones que este usurpador se atribuye, quedan envueltos en la manta del anonimato.
Es una práctica despreciable, aunque hay que reconocer que requiere de talento y asuticia del tipo que Maquiavelo describió en sus libros.
Existen varias formas de cubrirse de la gloria ajena. Definitivamente que la posición más fácil para lograrlo es estando ubicado en una posición de jerarquía dentro de la organización.
Se supone que un jefe de un departamento es como un director de orquesta: éste da las indicaciones, mientras que sus subalternos las ejecutan. Pero estos vivos ni siquiera se molestan en conocer a los empleados por nombre y apellido. Cuando algo sale bien, es su gran "logro"; pero a la hora de los fracasos, la culpa es todos los que están por debajo, excepto de él, y está presto a indisponer a cualquiera de los suyos para salvar su propio pellejo.
Otra forma de lograr el éxito laboral es sencillamente "pasando agachado". Mientras el resto de la gente en su equipo se parten el lomo, este hábil practicante del juega vivo simula que está haciendo lo mismo. En las oficinas de la actualidad, no hay mejor forma de simular trabajo que sentarse con la mirada fija en la pantalla de la computadora, con expresión de seriedad, cuando en realidad se está chateando. Es más fácil de encubrir que estar conversando con el compañero. ¡Y que vengan los reconocimientos y espaldarazos!