Las polleras no deben lavarse con detergentes fuertes; es preferible usar productos finos como el jabón Ivory y el Lux, para evitar que se descoloren las labores y las trencillas.
El lavado de una pollera requiere mucho cuidado para no dañar las trencillas y los encajes; se debe poner a secar al revés, en la sombra.
Las personas que gustan de almidonar su pollera, deben hacerlo con una solución bastante líquida o delgada, para que al plancharse, tenga la tersura de ropa nueva.
El producto más usado, existente en nuestro comercio local, es el almidón de yuca.
Otras personas acostumbran a remojar la pollera con una solución de goma arabia y bórax, en piedra, que se disuelve en un platón de agua y se deja la pollera aproximadamente, seis horas. Después se orea un rato, antes de plancharla. La primera pasada siempre se hace al revés, para que las labores no se deterioren. Hay que tener cuidado de no meter fuerte la punta de la plancha entre los calados y las costuras delicadas.
Si a la pollera le cayeran gotas de parafina que se desprenden de las velas encendidas, estas deben sacarse de los lienzos antes de lavarla, poniéndole al revés, un papel blanco de envolver; se le pasa la plancha caliente para que este absorba la parafina; después se lava cuidadosamente y se guarda en una caja de alcanfor o caja china, para protegerla de los insectos.
En caso de que la pollera se guarde en un baúl corriente, en el fondo de este se acostumbra ponerle canela en rajas, tomillo y naftalina (llamada comúnmente, alcanforina). Allí se depositan las polleras, el mantón de seda con flecos, los paños marcados y el cofre del joyero.