|
EDITORIAL
Transporte en Panamá Oeste
En el limbo jurídico y social ha quedado el asunto de los llamados "taxis piratas" de Panamá Oeste. El año pasado surgió en Panamá Oeste una alternativa para ofrecer un servicio de transporte a los usuarios del área, lo que provocó a su vez, choque de intereses entre taxistas y dueños de autobuses, en perjuicio de una mayoría: los usuarios.
Por un lado, el transporte público vio en el servicio que ofrecen los taxistas, una amenaza a su fuente de ingresos y ha exigido el respeto a los límites de espacio para sus operaciones.
Mientras tanto, los usuarios se han manifestado en apoyo a los taxistas argumentando el pésimo servicio que ofrece el transporte público y dejando al descubierto el manual de ineficacia de éste.
La Asociación de Usuarios del Transporte Público de Panamá Oeste solicitó a la Presidenta de la República su intervención para poner fin a lo que consideran un abuso contra los taxistas que ofrecen el servicio cobrando un dólar a sus pasajeros por la carrera, y pidieron que se reconsidere la acción de sanciones y prohibiciones a éstos, así como que se respeten los derechos del usuario a escoger el transporte que desee.
Para ese entonces la Señora Presidenta mandó a suspender los operativos en contra del transporte alternativo de manera indefinida.
Sin embargo, tras la amenaza de una huelga de los conductores del transporte colectivo, los odiados operativos continúan ocasionalmente.
Es claro de acuerdo a las Leyes, que los operativos serían legales, sin embargo es una ley que para los usuarios, favorece al monopolio concentrado en organizaciones transportistas que no ofrecen reales alternativas al servicio.
Por otro lado, está en juego una situación más profunda y humana. Para nadie es un secreto que el país está en una recesión económica donde el desempleo golpea a muchos hogares y donde se lucha por cultivar valores en una sociedad que presenta crisis en ese renglón.
La iniciativa tomada por los taxistas a ofrecer un servicio tan barato ha sido acogida de buen grado por los usuarios y al mismo tiempo, representa una ayuda para el trabajador panameño que intenta ganarse la vida de manera honrada.
Resulta un tanto incomprensible ver cómo se pretende colocar una multa de decenas de dólares a un trabajador del volante que ha recurrido a esta alternativa, cuando se sabe que le es difícil obtener el dinero para el combustible, la letra del auto y el alimento de su hogar, a lo que hay que sumarle ahora la multa.
Son situaciones para reflexionar, toda vez que un individuo acorralado sería capaz de dejar el buen camino y desviarse hacia turbulentas aguas que vendrían a agrandar el diluvio delictivo del país.
El Ejecutivo deberá poner en la balanza el aspecto legal y lo justo. No siempre las leyes son justas. Cuando se escucha la voz de pueblo, se oye la conciencia de la Nación.
|
PUNTO CRITICO |
 |
|