OPINION

CUARTILLAS
Cuatro

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Por Milcíades Ortiz Jr.
Catedrático

El chiquillo llamado Johnny no estaba muy contento con eso que tener que levantarse temprano ese día. Pero su mamá insistió en que era su deber desfilar por las calles de Parque Lefevre, con sus zapatos nuevos. Lo que convenció a Johnny fue que después del desfile habría sodas y "hot dog" en la escuela. Y así como ese humilde chiquillo, decenas de otros desfilaron por la principal vía de Río Abajo y Parque Lefevre, celebrando el cuatro de julio, día de la Independencia de Estados Unidos.

Para Johnny no era extraño eso de Estados Unidos en Panamá, pues sus padres y otros parientes jamaicanos trabajaban en la Zona del Canal. Ganaban buen salario y disfrutaban de alimentos baratos comprados en el "comi", que a veces hacían la envidia de los otros vecinos "latinos".

Hoy no se celebra el cuatro de julio en Panamá y pensar en realizar una parada sería motivo de disgusto y burlas. Ya los norteamericanos no están en Panamá, para deleite de los comunistas, ñángaras... y desgracia de algunos panameños.

Porque hay panameños que piensan que todos los males que estamos sufriendo en estos momentos, se deben a la salida de los gringos de Panamá. Así cree la "jubilada criticona", quien dice que la "peor desgracia que ha tenido Panamá es la salida de los norteamericanos". Por eso ella está convencida que hay que buscar la manera que vuelvan los norteamericanos a Panamá, para que mejore la economía.Bueno, hay algo de razón en esto. La salida de Estados Unidos de la Zona causó un impacto económico negativo de más de cuatrocientos millones de dólares al año, por lo menos. Y miles de empleos se perdieron, sin que los afectados hayan podido conseguir los buenos salarios que antes tenían.

Claro que hay que ser soberanos, aunque como dice la jubilada criticona "la soberanía no se come". Lo malo está en que ningún gobierno, PRD ni Arnulfista, hizo lo suficiente para disminuir el impacto negativo de la salida de los gringos de Panamá.

Y eso que varios periodistas advertimos lo que sucedería y el bajón que tendría el país por tal motivo. Menos mal que en el panameño común y corriente no hay odio hacia el país que hizo el Canal, impulsó la modernización de nuestra capital y nos enseñó a comer "hamburguesas" y leche batida. Muchas familias de panameños tienen parientes que se casaron con norteamericanos, y esos "gringos-panameños" los vemos a cada rato por nuestras calles, cuando vienen de visita.

Además, miles de compatriotas están viviendo en Estados Unidos, especialmente en Nueva York, donde tienen mejor nivel de vida, aunque añoran la hojaldre, el bochincheo de las esquinas y el "saos". Ahora que Panamá es plenamente soberano puede negociar con Estados Unidos y cualquier otro país, negocios y obras para lograr el capital extranjero.

Así como nos esforzamos por atraer a los chinos y japoneses, hay que considerar que ellos cuando son dueños de un negocio poco empleo dan a los panameños. Los norteamericanos eran más flexibles en ese sentido. Ya maduros, enfoquemos debidamente nuestras relaciones con Estados Unidos para ver si vuelve -aunque sea en parte-la riqueza que antes teníamos.

 

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