Empezaremos con un chiste. Dice que había una vez un médico panameño que ahorró todo su salario durante un año con la finalidad de comprarse el BMW más moderno que existía. El quería que sus amigos del barrio -donde vivió muchos años- lo vieran por la avenida. Como todo panameño, él iba con los vidrios abajo y su brazo izquierdo afuera de la puerta, cuando de pronto escuchó el estruendoso sonido de un camión que le destrozó la puerta izquierda y le amputó el brazo. Su enojo fue tan grande que llamó al Policía más cercano para reclamarle. Al llegar la unidad policial al área, le grito: "¡Mire lo que ha hecho este imbécil!". El policía le respondió: "Señor, cálmese...está botando mucha sangre ya que su brazo izquierdo está 20 metros atrás". La respuesta del médico no fue otra que gritar: "Chuzooo, mi Rolex..."
Causa tanta risa, pero es una realidad. En este hermoso país existen personas que colocan las cosas materiales en primer lugar. Una casa no lo es todo si antes no tenemos un buen hogar. ¿Qué vale más, la estructura física o tener un hogar amoroso donde Dios sea quien dé el aliento de vida? Por su puesto que una familia sana.
Ahora le pregunto: ¿Está preparado para morir? Si lo está, tenga en cuenta que cuando seamos llamados, nos iremos sin nuestras prendas, ni nuestras mansiones, ni mucho menos con nuestros autos. Dios dijo que tiene un plan. Hay que descansar sobre esa fe. Por qué preocuparse por el rasguño de un auto si la lata se oxida y, después de muchos años, pierde propiedades, pero hay algo que dura para siempre. Eso se llama vida eterna. Busquemos la paz de nuestros problemas en Cristo Jesús, no en una aseguradora que sólo se preocupa por arreglar detalles. Cristo se preocupa por asegurar tu alma para toda la vida. Rectifica amigo.