La festividad del Corpus Christi tiene su origen a partir del Concilio de Trento y gozó de gran esplendor en los siglos XVII y XVIII, durante el periodo del Barroco.
Según algunos historiadores, el origen de la fiesta hay que encontrarlo en la ciudad belga de Lieja en el siglo XIII donde, según la leyenda, una monja tuvo la visión de una luna llena ensombrecida por una de sus partes, lo que fue interpretado como que la Iglesia estaba triste por la falta de una fiesta que honrase al Cuerpo de Cristo Sacramentado.
Es una fiesta de la Iglesia Católica que representa la institución de la Eucaristía.
Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de la Iglesia Católica en Jesucristo.
La Celebración se lleva a cabo el siguiente Jueves al Octavo Domingo después del Domingo de Pascua (es decir, 60 días después del Domingo de Pascua).
En muchos lugares es una fiesta de especial relevancia y en varios países es un día feriado oficial.
Fue dentro del Concilio de Trento donde se declara que esta costumbre forme parte de las celebraciones cristianas y que poco a poco fuera aceptada por el mundo cristiano en el que todos los años, en determinado día festivo, se celebre el sacramento de la Eucaristía con singular veneración y solemnidad y que sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos.
Con esta celebración destaca la iglesia que los cristianos atestigúan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, de la muerte y resurección de Jesucristo.