Familiares, amigos, socios, empleados y un ex presidente de la República le dieron el último adiós ayer a Lew Rodin, el magnate ruso radicado en Panamá que con la venta de joyas, bienes raíces, distribución de autos y operaciones portuarias construyó un imperio de mil millones de balboas.
Los últimos días de la vida de Rodín estuvieron envueltos en amargas disputas familiares, el abandono por parte de muchas de sus "amistades" y múltiples afecciones de salud. Sin embargo, deja como su principal legado en Panamá el Puerto de Manzanillo (considerado el más eficiente de la costa occidental del continente) y la introducción a Latinoamérica de la marca de autos soviéticos Lada.
Luego de los oficios religiosos en la Iglesia de San Francisco de Asís, en Coco del Mar, Peter Rodín abordó su auto cargando la urna con las cenizas de su padre hacia un rumbo no revelado. Su otro vástago, Martín Rodín, fue uno de los primeros en abandonar el templo.
"Yo conocí a Lew Rodín en 1992, cuando era Presidente", recuerda Guillermo Endara, quien anteriormente había trabajado como abogado para uno de sus socios. "Hablamos sobre su intención de hacer el puerto de Manzanillo, que ahora está en funcionamiento".
Por su parte, el político Alfredo Oranges dijo que el legado de Rodín en el país consistió en "su gran visión, su enorme capacidad de trabajo, y la creación de riqueza y oportunidades de trabajo en el país".
"Muchas personas en Panamá le deben su bienestar económico a Lew Rodín", expresó por su parte el actual Defensor del Pueblo, Liborio García, quien fue su abogado en Grupo Rodín, y también su vocero luego de la explosión del escándalo CEMIS. "Fue una persona enérgica. Perseverante y muy humilde; con todo lo que alcanzó".