La muerte del adolescente asesinado de un tiro en manos de un sargento primero de la Policía Nacional la tarde del pasado martes, en San Joaquín, está confusa.
Según uno de los integrantes de esa humilde familia, Jaime Aguilera, la víctima no tenía ningún arma de juguete consigo y detalló que sólo portaba un celular y una cámara con la cual estuvo jugando todo el día, como quien tuviera presentimiento de que iba a morir.
Dayanara Aguilera, hermana del menor de 15 años, explicó que el policía que mató a su hermanito nunca hizo las detonaciones reglamentarias al aire sino que por el contrario, disparó dos veces contra Jaime, y uno de los proyectiles se incrustró en la anatomía del hoy occiso.
También resaltó que los argumentos que expuso el director de la Policía Nacional, Rolando Mirones, donde señala a Jaime de intentar robarle al taxista, son mentiras, pues el palanca de taxi es una persona que junto a su difunto hermano se conocían muy bien.
En el suceso de sangre, narró Dayanara, estaban tres menores junto a Jaime, quien efectivamente estaba junto a ellos a bordo del taxi y la calle Kingston fue el escenario del homicidio.
El difunto era el penúltimo de 12 hermanos.
Sus amigos y conocidos explicaron que era una persona tranquila que se dedicaba a la práctica de fútbol para el equipo Fútbol Club Tauro, cuya sede queda en el corregimiento de Pedregal.
Los familiares, a la hora de cierre de este rotativo, desconocían el lugar donde iba recibir sagrada sepultura el menor.