Este viernes se inaugura en Alemania el Campeonato Mundial de Fútbol, uno de los más importantes acontecimientos deportivos del planeta y en esta justa tendrán participación 32 representantes de todos los continentes.
El evento representa desde hace ya varias décadas, una de las más representativas manifestaciones de la globalización y de la integración de la comunidad humana, más allá de los dogmas y las ideologías.
Congregar en un solo país a treinta y dos naciones para competir en una justa deportiva y con esto captar la atención de más de mil millones de personas (un sexto de la población total) es mucho más de lo que cualquier tendencia política ha podido hacer a lo largo de la historia humana.
Si bien es cierto, existen otros deportes de masas, también lo es que el fútbol es la verdadera esencia de una subcultura que ha trascendido cualquier interpretación destinada a develar las minuciosas bases que le sostienen y lo expanden por todo el orbe.
Sólo los Juegos Olímpicos crean tantas expectativas como el Campeonato Mundial de Fútbol, sólo esa congregación de miles de atletas bajo el concepto desinteresado de obtener una medalla, tiene par con este proceso de competitividad humana.
Naciones tradicionalmente disímiles como Irán y Estados Unidos pueden enfrentarse en una pugna donde destacan las habilidades físicas, la creatividad, la imaginación y la magia y no las sanciones ni los ejércitos ni las armas.
Países con abismales diferencias socioeconómicas alcanzan la igualdad en una justa de esta naturaleza y es posible ver a los representantes de una empobrecida nación ante una de pujante economía .
El fútbol es un asunto más complejo de lo que a simple vista parece.
Es geometría pitagórica definida con sus pases exactos y medidos; es filosofía porque sus entrenadores y el conjunto del equipo aportan idealismo, pragmatismo y existencialismo cuando asumen una posición ante el rival y la dimensión del torneo.
Hay equipos duros, veloces, creativos, alegres, tímidos, defensivos, atacantes.
Es una prueba colectiva de la fuerza y entrega humana y de sus expectativas.
El fútbol es una enfermedad contagiosa capaz de someternos a su hipnótica y benéfica influencia.