Hay ironías en la vida que nos llevan a reflexionar sobre nuestro entorno cotidiano.
El 14 de febrero es el día en que se festeja la amistad y el amor con bombos y platillos. La fecha es esperada con ansiedad por quienes a través de obsequios diversos demuestran al ser amado estos sentimientos. Sin embargo, por cosas del destino el 14 es la cifra que señala el número de niños (as) panameños que laboran actualmente en las calles, fincas y lugares poco adecuados para ellos.
Oficialmente, se estima que 14 mil 991 niños (as) realizan trabajos que los alejan de estudiar y crecer dentro de las condiciones normales a las que merecen.
Para estas criaturas el deber temprano de tener que contribuir económicamente con sus hogares, la mayoría incompletos por la ausencia de uno de sus padres, es una carga muy pesada cuando también reciben maltratos de todo orden.
Muy singular, es que el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la Organización Internacional del Trabajo ha comprobado en siete países, que el trabajo "sí afecta el aprovechamiento escolar de niño y niñas menores de catorce años".
Estos infantes se han convertido en esclavos. El estudio hecho por este organismo mundial, confirma que por ejemplo en Panamá, los pequeños (as) trabajadores realizan jornadas de 24.26 horas por semana.
De entre los 12 y-el dígito mágico-14 años que laboran y estudian en este país, el porcentaje es de 4.25%.
No son infantes, son mano de obra superbarata. Capital humano que se deteriora en la cruda realidad del mercado laboral nacional. Más aún, expuestos a ser violados, secuestrados y asesinados en cualquier callejón oscuro de una avenida o un cafetal.
Esa es la vida de "nuestros niños y niñas"- el futuro de esta nación.