Una historia de grandes hazañas, dolor y esfuerzo. Esa es la historia del pesista Carlos Chávez, una de las grandes leyendas del deporte nacional, a quien la vida le otorgó la hermosa oportunidad de representar a su patria en las grandes justas internacionales.
Cuando era muy niño, el destino le deparó a Chávez un trago amargo: perdió a su padre Francisco y a su madre, Eladia Gordón (prima-hermana de Adán Gordón), estando en la escuela primaria.
En su residencia de Los Andes Nº 2, Chávez conversó con Crítica y, a pesar de su avanzada edad, nos contó historias y anécdotas con una lucidez extraordinaria, que ya muchos quisieran para sí.
HABLA EL PESISTA SOLITARIO
"Mi niñez la viví en la Escuela Simeón Conte de Penonomé y después de que mamá murió, una tía mía, hermana de papá, me trajo a Panamá. Tuve que trabajar porque, por la situación de aquellos tiempos, no podía estudiar". Chávez hizo una pausa, como reflexionando en su cama, y luego comentó: "Si papá no hubiese muerto otro gallo hubiese cantado y yo hubiera seguido estudiando".
Tan buen pesista llegó a ser que, en una ocasión -contó- en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1959, realizados en Caracas, Venezuela, los organizadores no lo querían dejar competir, alegando que su participación podía desanimar a los demás atletas porque estaba muy sobrado.
"Aníbal Illueca (padre), en aquel entonces presidente del Comité Olímpico de Panamá, me defendió y me dejaron competir: logré pulverizar cuatro récords", comentó el tercer panameño que asistió a unos Juegos Olímpicos.
Repentinamente, en medio de la plática, a Chávez le entró un dolor en las piernas. Empezó a quejarse, pero no desmayó, tomó aire y prosiguió.
HELSINKI: "ME LA QUISE TIRAR DE GUAPO"
"En los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952), yo me lesioné. Me la quise tirar de guapo, no le quería perder la pisada a Chimiskayan, el campeón mundial soviético. Él (Chimiskayan) puso 100 kilos en el arranque y yo empecé igual. Al siguiente turno me disloqué el codo y allí terminó todo. Estaba seguro de que podía ganarle al ruso pero, bueno, mala suerte", se lamentó y en su rostro se dibujó una expresión de nostalgia.
Pero ir a Helsinki para Chávez fue una odisea de principio a fin: "Viajé gracias al apoyo de la gente. Tuve que hacer una colecta por las calles, pues en aquel entonces no había apoyo".
Agregó: "Además, tuve que endeudarme con una agencia de viaje para completar el dinero para ir a Helsinki. Me estuvieron cobrando hasta que se cansaron. Yo jamás les pagué".
¡CIEN POR CIENTO PANAMEÑO!
"En una ocasión, una instructor estadounidense de apellido Boffman quiso nacionalizarme para que alzara para ellos, pero yo no quise", destacó.
Ese era Chávez, una persona a la cual le apasionaba el deporte de las pesas. En 1955, Chávez, quien competía dentro de la división de los 60 kilos, dio a Panamá la primera medalla de oro en los Juegos Panamericanos. Fue en México. Eso, señores, se agradece.