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Hace poco se informó en una televisora local que un grupo de transportistas rurales se niegan a llevar a los niños de una escuela primaria desde sus residencias hasta la escuela y en vía contraria.
Dicen los buseros que como los niños no pagan, no es buen negocio estarlos recogiendo porque lo que se produce son pérdidas. Estamos hablando de menores de entre cinco y 12 años, y residentes en áreas extremadamente pobres.
Todo el asunto se agrava cuando se reporta que muchos niños son maltratados de palabra y de acción por estos buseros y sus pavos, cuando se dignan recoger alguno. Los detestan, porque no pagan.
Esto demuestra la situación animal que estamos viviendo los panameños con esta sociedad de consumo y materialismo que hemos construido. Importan más los diez centavos que podamos ganar en una travesía, que el futuro de un niño. La propia Autoridad del Tránsito hizo una declaración bárbara: hay que pensar que el negocio sea rentable.
¡Válgame Dios! Unos cuantos centavos son más importantes que la educación de niños que vienen de familias que no tienen ni para comer, y que hacen un esfuerzo por enviar a los chiquillos a la escuela. Si seguimos así, pronto desapareceremos como grupo humano, y nos convertiremos literalmente en una jauría de lobos. |