El 6 de agosto de 1945, en horas de la mañana, la ciudad de Hiroshima en Japón vivía un día cualquiera. La gente hacía sus quehaceres, sin pensar en lo que les venía desde el cielo. De repente, un brillo más intenso que el sol, el fuego y la onda de choque radiactiva aniquilan la ciudad portuaria nipona. Desde lejos, pocos presencian el infierno en la tierra: una enorme nube en forma de hongo de colores gris, rojo y blanco, arrastra hasta la atmósfera los restos de la urbe, matando a 100,000 personas.
Tres días después, la ciudad de Nagasaki fue volatizada de igual forma, por otra bomba nuclear. Mueren 45 000 seres humanos en el instante. Así, acabó la resistencia japonesa y se terminó la Segunda Guerra Mundial.
Los Estados Unidos de América tienen el ingrato honor de ser la única nación de la historia en haber utilizado bombas atómicas contra ciudades habitadas. Obviamente, el poder destructivo de estas armas fue la motivación para que otras naciones desarrollaran sus propios arsenales nucleares.
Si EE.UU. tenía esta arma mortífera, Rusia debía obtenerla. Así pasó en 1949. Luego, China Popular copia la maniobra, seguidos por Gran Bretaña y Francia. En los años setenta, India logra desarrollar la bomba. Más tarde, Pakistán la construye en 1999. En secreto, Israel la desarrolla con su reactor en el Neguev.
Recientemente, Irán comenzó a buscar la tecnología para hacer la bomba atómica ante los informes de que Israel la tenía. Teherán anunció que sólo intenta generar energía eléctrica, pero nadie le cree.
El pasado lunes 25 de mayo, Corea del Norte detonó su segunda bomba atómica, cuya fuerza equivalió a 20 kilotones, similar a la que se arrojó sobre Hiroshima.
La alerta en la Península Coreana, dividida en dos Estados enemistados desde 1950, ha motivado preocupación por las consecuencias de una posible acción militar entre fuerzas comunistas de Pyongyang, las tropas norteamericanas, las surcoreanas, además de involucrar a China y Japón.
Y fue en el continente asiático en donde este tipo de armas de destrucción masiva fueron implementadas, por primera vez, contra fuerzas enemigas beligerantes. El gatillo para lanzar la bomba atómica está en manos de militares extremistas norcoreanos, que creen tener el derecho de "reunificar" la península coreana por la fuerza.
La posibilidad que Corea del Norte lance misiles nucleares contra ciudades como Seúl, Busán o Tokio, hacia bases militares aliadas o fuerzas navales ha motivado temores de una escalada armada jamás imaginada.
Llegó la hora que la Comunidad internacional tome medidas para frenar la proliferación nuclear. No es posible que en el mundo existan más de 30,000 armas atómicas, capaces de aniquilar tres veces a nuestra civilización, cuando miles de personas mueren por hambre cada año.
Corea del Norte es fiel reflejo de esa cruel realidad. Su presupuesto militar concentra el 15.8% del Producto Interno Bruto, mientras que la mitad de su población, estimada en 23 millones de personas, vive en extrema pobreza.