He pasado una semana en casa, producto de un esguince. Un período para descansar, leer, ver televisión, en fin, hacer actividades que en días normales no puedo.
Durante esa semana de convalecencia, me tocó también ayudar a preparar la comida, y qué creen, el tiempo libre que tuve fue suficiente para limpiar el arroz compita que habíamos comprado en una feria libre. Y me pregunto: ¿Qué ha pasado con el arroz blanco, largo y sumamente limpio que nos ofrecían en principio? Ahora, parece un arroz de cuarta categoría. En principio pensé que no habíamos tenido suerte con la compra, y que nos tocó la peor producción.
Pasó poco tiempo para comprender que nosotros no éramos los únicos en quejarnos por el arroz compita. Un diputado planteaba en un programa de opinión matutino, lo mismo que yo había notado. Después, me comentaba Juan, un humilde obrero que vive en Burunga, y que trabaja de sol a sol para sacar los seis balboas que cuesta el saco de arroz de 20 libras, que lo que le venden está peor, pues no lo puede apreciar, ya que el saco no es transparente.
Recuerdo que la Asociación de Productores de Arroz se quejó de la importación del grano proveniente de Brasil y Guyana. Sostenían que el Gobierno Nacional estaba subsidiando el arroz compita, afectando a los productores y molineros. Entonces, se acordó comprar alrededor de 1, 5 millones de quintales a productores de Chiriquí, Veraguas, Coclé, Herrera, Los Santos y Panamá Oeste; y que el saco de 20 libras sería exclusivamente producto nacional, además de algunos paquetes de cinco libras. Fue una iniciativa gubernamental que permitió que tanto pequeños y medianos productores y molineros volvieran al cultivo y procesamiento.
Si son panameños que producen para panameños, les pido que brinden lo mejor de sí, que ofrezcan calidad de la que estamos acostumbrados a recibir. Mientras, yo sigo esperando el verdadero arroz compita, si lo ven, me lo saludan y le dicen que dejó gratos recuerdos en Panamá.