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Sin embargo, soy un lagartón

Redacción | Crítica en Línea

Cuando vemos a nuestros honorables diputados intentando meterle goles a la ciudadanía con leyes que abusan de los fondos públicos en beneficio de sus propios intereses, se hace clara la explicación de por qué la gran mayoría de quienes ostentan las curules de la Asamblea Nacional no pudieron salir reelectos.

Nuestra clase política está llena de "lagartos". Para quienes no entiendan este panameñismo, es el término que usamos comúnmente para definir a quienes quieren comerse hasta lo que no es de ellos. En el caso de los diputados y de muchos altos funcionarios durante los últimos años, prácticamente todo lo que se comieron no les correspondía.

La frase de "entran limpios y salen millonarios" caló fuerte entre el electorado. Fue un slogan que hizo que hasta cierta medida el pueblo despertara sobre la labor desastrosa y descarada que muchos de nuestros altos funcionarios ha desempeñado durante los últimos años. Y no hablamos solo del gobierno que está por terminar. ¿Se acuerdan de aquel Ministro que de un plumazo exoneró a una empresa portuaria de 1, 800 millones de dólares en impuestos? ¿Acaso las prebendas, privilegios y excesivos sobresueldos de los diputados aparecieron con el actual gobierno?

La clase política se ha engordado a costa de los contribuyentes desde hace mucho tiempo. Ojalá que el actual gobierno sea serio en el manejo de la cosa pública, aunque la desconfianza de la ciudadanía en que realmente las cosas vayan a cambiar son perfectamente justificadas, dada la experiencia que tenemos. En un mes, comenzaremos a ver si decían la verdad.

Hay lagartos por doquier en el sector público. Están las botellas que cobran sin trabajar; están esos cónsules corruptos que cuando regresen al país habrán acumulado una fortuna en sobornos (¡cómo se pelean esos puestos cuando entra un nuevo gobierno!); están los que favorecen a sus familias y amigos cercanos en licitaciones amañadas. La lista sigue y sigue.

En la campaña electoral del Presidente electo hubo una cuña en la que se pronosticaba que "reducirían las botellas". La política contra las botellas y garrafones debe ser de "CERO TOLERANCIA". Hay que romper hasta la última, porque son las sanguijuelas de tu bolsillo y del mío.

Hay tantas formas diferentes de sangrar el erario público, que seguramente algunas aún se mantienen en el secreto. Será la tarea de la nueva administración escudriñar por todos lados para descubrirlas y castigar a los responsables.

Después de tantas decepciones y de tantos gobiernos lagartos, queremos creer que las cosas van a mejorar en este sentido, y que Panamá dejará de ser un pantano de reptiles para volverse el oasis de prosperidad que tanto promocionamos en el extranjero.



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