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EDITORIAL
Violadores y el silencio
Dicen expertos de la Policía Técnica Judicial (PTJ), que no se han dado más violaciones carnales que antes, lo que pasa es que ahora se reportan en mayor número; las víctimas han dejado de guardar silencio. En los primeros cuatro meses del año 2000, setenta y ocho violaciones han sido reportadas en los libros de delitos de la PTJ, en los que se puede leer, que por lo menos 25 víctimas declararon que fueron atacadas, y su agresor tuvo la intención de un abuso sexual. Pero la lista no termina, trece individuos cayeron o están siendo buscados por la Policía, acusados por estupro, es decir, por tener sexo con niños o niñas menores de 12 años; 23 actos libidinosos y 6 denuncias por corrupción de menores aparecen como manchas morales en los libros de la PTJ, en lo que va del año. Lo peor de esta lista es el renglón que habla de incesto -sexo entre padres e hijas, o tíos con sobrinos-, que revela que por lo menos una vez al mes se denuncia aberración semejante. ¡Y sabrá Dios cuántas más se dan, pero las víctimas se ahogan en su propio silencio! En el Hospital del Niño se reportan un promedio de 72 casos de violaciones a infantes por año, una cifra escandalosa y preocupante. Lo más triste es que por experiencia se tienen informes de que la mayoría de los violadores no son personas desconocidas para sus víctimas. Ser víctima de una violación, ya no es una tragedia fortuita, como ocurría en los años 70 y 80; ahora el agresor conoce a su presa desde mucho antes, la sigue; muchas veces se la gana con regalitos, otras es amenazada, y luego la ataca. Como vemos, Panamá se está convirtiendo en uno más, de esos países grandes con listas interminables de víctimas. Y lo que antes eran ciudades amigables, con vecinos que convivían como familias, se podrían convertir en conglomerados de gente extraña, que desconfían unos de otros. Porque hay que enseñarles a los niños a huir, a no hablar con extraños, a evitar contacto con posibles agresores, a desconfiar. Si no se hace, de panameño común, muchos pasarían a ser números en un expediente de la oficina de delitos sexuales de la PTJ.
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PUNTO CRITICO |
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