Como mencionó uno de mis lectores, el acercamiento al fenómeno de la migración es un "delicado asunto". Tan delicado para mí, porque no sólo hablamos de frías cifras, de sumas, de ingratas leyes ni de dinero. Son seres humanos los que encarnan en reales, múltiples y, muchas veces, sufridas historias migratorias.
Quiero aclarar en este artículo que cuando hablo de emigrantes, principalmente me refiero a aquellos que se encuentran más vulnerables a abusos de todo tipo. Tanto de los que son perpetrados por las autoridades (cobrando coimas, con fuerza excesiva, entre otros), por empresarios o empleadores (empleando en condiciones de trabajo menos favorables) como de los que provienen de "traficantes de personas" (que cobran grandes sumas para introducir gente al país). Me refiero a aquellos y aquellas que arriesgan lo poco que tienen para viajar a otro país y así mejorar sus precarias condiciones de vida, salvar su existencia o buscar tranquilidad psicológica y emocional. No hablo entonces de un Arnoldo Alemán, un Pablo Rayo Montano, un Abdalá Bucaram o un Jorge Serrano Elías, quienes también han podido beneficiarse "legalmente" en nuestro país.
Es cierto que existe una legislación nacional que prohíbe el trabajo de turistas, pero preguntémonos: ¿tiene realmente estos emigrantes que menciono la misma oportunidad que pudo tener Rayo Montano para conseguir la cédula panameña?
Por otro lado, si nos ceñimos estrictamente a la ley, algo que debemos tener claro con respecto a ellas es que en principio ninguna legislación nacional puede ir en contra de una internacional, sobre todo si mantiene un carácter vinculante.
Por su parte, si nos enfocamos en aspectos socioculturales y económicos, veremos que los emigrantes sin documentos han aspirado principalmente a empleos informales. Generalmente han sido empleos que las panameños y los ciudadanos de este país han desestimado. Si únicamente se atribuye el aumento del desempleo y del empleo informal a los emigrantes, desde mi punto de vista, es una visión muy corta y egoísta. A, un aspecto más, aunque también soy ciudadano panameño y por nacimiento, comparto este mundo con otros seres humanos que merecen respecto. El mundo es ancho, cabemos todos y lo podemos compartir.