Una persona que llega al extremo de la adicción tiene sin duda tiene que estar enfermo. En esta caso, nos referimos al sexo por su puesto. No estamos hablando de ningún tipo de droga.
Hay personas que crecieron sin orientación y con las puertas y ventanas abiertas para recoger todo lo sexual que el mundo les ofrece. Son clientes frecuentes de revistas porno y sitios de internet Triple X donde se ve de todo: hombres con hombre; hombre con animales y hasta con niños, etc...
Esta gente se excita al iniciar con su propio cuerpo. La manipulación de sus genitales es la materia básica para enfermar su mente, pues en sus momentos de masturbación repasan los episodios vividos durante el día. Ellos recuerdan a esas compañeras de clases, maestras o compañeras del trabajo o aquella mujer que se vio desnuda en una publicación.
Su experimento es pensar en esa mujer mientras se masturban en los baños de sus propias casas o, quien sabe, si también en sus lugares de trabajo. Ellos tienen una imaginación amplia, pues creen que -al momento de frotarse- realmente están sintiendo placer con una mujer, pero al eyacular despiertan al mundo real: no era una dama, sino la mano derecha.
Ser adicto a la pornografía es tan riesgoso que llega el momento en que no se puede controlar. Es una enfermedad que requiere de más, pues se trata de saciar satisfacciones sexuales que habitan en cada ser humano, pero en los adictos sobrepasan los límites de lo normal.
¿Cómo detectar a un adicto en tu trabajo? Si cuentas con una computadora, verifique las últimas 20 páginas electrónicas que ha visitado su compañero y se dará cuenta que todas son de porno. Otra cosa, mire en sus libros, allí no faltará una revista porno ya con el papel deteriorado quien sabe por qué.