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EDITORIAL
Plan de Austeridad
El gobierno proyecta poner en marcha un programa de ajustes de gastos para reducir un déficit presupuestario que se estima será de 470 millones de balboas, de no adoptarse medidas de reducción. Los ingresos tributarios no han llenado las expectativas, sobre todo lo referente a las recaudaciones del Impuesto Sobre la Renta de las personas jurídicas.
Así las cosas, todo indica que el despegue económico que pregonaba el gobierno se quedará en tierra y con los ajustes que se plantean, la crisis se acentuará, tomando en consideración que el Estado siempre ha sido un gran comprador de bienes y servicios.
Sin embargo, hay que entender que el plan de austeridad debe adoptarse, porque nadie puede gastar más de lo que gana. Además en junio del 2000, el Ministerio de Economía y Finanzas suscribió una Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional, donde se compromete a mantener en cero el déficit fiscal y el cumplimiento de esa promesa es uno de los requisitos para lograr préstamos por 85 millones de dólares.
Paralelo a esto y en buena hora, el legislador oficialista Wigberto Quintero ha presentado un proyecto para eliminar una serie de prebendas que tienen los altos cargos del sector público el cual busca además que éstos paguen impuestos por los gastos de representación y viáticos que perciben mensualmente.
Ya los sectores populares con el alza de los servicios públicos han dado su cuota de sacrificio y ahora corresponde a los grandes burócratas brindar su aporte y despojarse de tantos beneficios, que chocan con la pobreza generalizada que vive el país.
Hay que aliviar el presupuesto General del Estado, de lo contrario los ingresos sólo alcanzarán para cubrir gastos de planilla y amortizar la impagable deuda externa de $7,831 millones, cuyos desembolsos para este año alcanzan 1,178 millones de dólares, es decir que el 20.8% de los recursos contemplados irán a caer en manos de los acreedores del país.
Hay que recordar que la deuda panameña apenas alcanzaba los 200 millones de dólares antes de la dictadura militar, pero los empréstitos fáciles que concedieron con cierta complicidad las llamadas IFIs, hoy mantienen al país a punto de ahogarse en intereses y en la amortización de esos compromisos.
No hay que llamarse a engaños, la situación es difícil, hay que amarrarse el cinturón y aplicar una auténtica disciplina fiscal, entendiendo que las medidas afectarán de alguna manera el crecimiento y desarrollo económico de la nación.
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PUNTO CRITICO |
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