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Miguel Mine Acosta, de 20 años, tenía muchos aspiraciones que se desvanecieron la noche que lo asesinaron a quemarropa de tres impactos de bala. Sujetos molestos porque supuestamente hablaba con enemigos de ellos, y eso no les gustaba, lo mataron.
Esa día trágico- el 17 de mayo- Miguel había salido de la casa 125 donde vivía con su madre Aida Acosta de Leslie en el sector 2-3 de Puerto Escondido, porque participaría de una fiesta de cumpleaños y llevaría a sus dos pequeñas hijas.
Miguel decidió quedarse un poco más en la fiesta. Abandonó el sitio aproximadamente a las nueve de la noche y alguien le avisó a su madre que varios sujetos lo habían matado a disparos.
"No pude ver a mi hijo con vida; cuando subía a un taxi que lo trasladaba se estaba muriendo y no pudo llegar al Hospital vivo", dijo la acongojada mujer. Los homicidas le habían disparado en la tetilla izquierda, mano derecha y arriba del ombligo, y no conformes, dispararon en otras ocasiones, pero no lo alcanzaron. Un vecino del lugar dijo que sacó su arma para disparar al aire e impedir que siguieran con las detonaciones, pero era demasiado tarde.
Miguel era un joven que se había graduado en el Instituto Profesional y Técnico de Colón. Obtuvo el certificado de "Mecánica de Precisión", y había realizado un examen como aspirante de marino para laborar en la Autoridad del Canal de Panamá. Estaba a la espera que lo llamaran. Era un buen hijo y padre y nunca se le vio andar en malo pasos. A su corta edad, tenía dos niñas; una de ellas cumplirá tres años el próximo 21 de mayo.
La Policía Nacional realizó esa noche un fuerte operativo en el sector de Puerto Escondido y se detuvieron a dos sujetos supuestamente implicados en el homicidio, según se reportó. |