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EDITORIAL
Altafulla: a un año de su muerte
La comunidad todavía recuerda aquel domingo 19 de mayo del año 2002, cuando no pudo escuchar la misa que estaba preparada para las seis de la tarde en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe.
Los catecúmenos e integrantes del coro de la iglesia se extrañaron que el padre Altafulla no estuviera puntual en la misa de la seis; él era muy estricto con eso de "la hora panameña". Tocaron a la puerta de su dormitorio durante diez largos minutos. Nadie contestó.
Poco antes de la eucaristía, un hombre moreno había insistido en hablar con el presbítero. Incluso un feligrés a quien le urgía arreglar con Altafulla los detalles de un funeral, fue relegado por el desconocido, quien luego de decir que llegó primero se encerró con monseñor en la habitación, donde minutos después lo encontraron muerto.
Así se recuerda la narración de los hechos que dejó a la familia católica en el más profundo dolor, pero a un año de su partida física, los feligreses están implorando al Creador, la justicia terrenal: la de los hombres, pues el caso acaba de ser remitido al Segundo Tribunal Superior por la Fiscalía Cuarta del Circuito Superior. En el expediente se solicita abrir causa contra el exseminarista Marcos Manjarrez, a quien se le vincula con la muerte del sacerdote de 65 años. Manjarrez encestó 14 puñaladas en su cuerpo, mientras Altafulla se preparaba para oficiar una misa en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.
Los hechos sacudieron a la comunidad en domingo de Pentecostés, no obstante, en 365 días cumplidos, no ha habido resultados satisfactorios.
La ciudadanía se pregunta ¿por qué tanta demora? ¿Acaso el sistema de justicia es ineficiente? Esto lo sabrá el mismo órgano Judicial, ya que sus propias cifras de casos resueltos lo delatan.
El aparato judicial, llámase jueces e investigadores, han demostrado poco, no sólo en este expediente sino en muchos casos más que andan navegando en el limbo, un lugar donde las hojas sueltas y los documentos flotan como lo hace un astronauta en el espacio sideral.
El día que los casos se resuelvan con la velocidad con que el corazón de los hombres lo soporte, quizás se respire un mejor tiempo para decir Amén, voz hebrea que utilizamos al final de las oraciones litúrgicas para decir 'así sea'. El tiempo dirá si se está ejerciendo como Dios manda.
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PUNTO CRITICO |
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