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El programa de televisión Código Cuatro, del Canal Cuatro, hizo hace días un reportaje sobre la copiadera en la universidad y colegios secundarios. Yo fui uno de los profesores entrevistados. Mis treinta y un años de enseñar en la "U" son suficientes méritos para hablar sobre la materia.
Debo confesar que considero que cuando un estudiante se copia es porque el examen lo permite. Si un profesor pone un examen de desarrollo, donde el alumno se gane la nota por lo que aporta y no lo que repite de una fotocopia o un texto, entonces de nada valdrá copiarse. Al principio de mi carrera encontré algunos alumnos copiones, que no entendían que eso no servía, pues todos mis exámenes son de "desarrollo".
Los trucos eran muchos y no solamente hacer resúmenes en miniaturas, llamados "baterías". Ahora con la tecnología de las fotocopiadoras, se puede reducir una página fácilmente y con claridad en el texto.
Encontré alumnos que se escribían párrafos de la lectura en los muslos, palmas de las manos, en las medias, aparte de las bancas o paredes del salón. Vi alumnas hábiles esconder esas "baterías" en sus brasieres y hasta panties, además de la boca, las axilas, ingles, etc.
Ahora con los celulares, algunos intentan poner en la memoria de tales artefactos los datos que piensan les lograrán una buena nota. Pero yo sigo en mis trece. Un alumno de comunicación social debe hacer exámenes donde desarrolle sus análisis y aportes.
Nada de pruebas de "cierto y falso", escoger la mejor respuesta y rellenar espacios, que son fáciles de permitir la copia entre habilidosos malos estudiantes. (Si pusieran todo ese empeño en copiarse para estudiar, estoy seguro que ganarían buenas calificaciones).
Pero hay docentes que consideran que pueden hacer buenos exámenes de cierto y falso y tipos parecido. A mí me molestan estas pruebas que buscan captar el nivel de memoria y no de aprendizaje del alumno.
Cuando estudiaba sociología en Chile y me ponían estos exámenes, trataba de contestar todas las preguntas. Si faltaban algunas, entonces con malicia y burla sacaba una moneda y la lanzaba al aire. Pensaba que no sabiendo la respuesta, la única solución era el azar y debo confesar que a veces me iba bien. A raíz de ese reportaje televisivo, un profesor de ciencias me contó una anécdota de su facultad.
Resulta que un conocido profesor quiso probar que estos exámenes de cierto y falso no eran los mejores para evaluar a sus alumnos. Tuvo la genial idea de pedirle a "Bigotes" que contestara uno de esos exámenes como le diera la gana.
El tal "Bigotes" era un popular lava autos con limitado nivel cultural y estudios. Y aunque Ud. no lo crea, el tal "Bigotes" adivinó las respuestas y tuvo mejor nota que algunos de los estudiantes de la facultad.
A mi mente volvieron las palabras del fallecido profesor de Física del Instituto Nacional, Dr. Salvat: "Yo no fracaso a nadie porque la vida se encargará de fracasarlos" (Ven, de nada sirve copiarse). |