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Dijo Monchito al señor administrador... "Un permisito por favor". Ahora todos los periodistas que entren al Estadio Nacional deben pedir permiso o reverencia a la administración para poder entrar.
_ ¡Ayer tuve que rogarle a don Tato Garrido para poder entrar... señor necesito entrar para hacer mi trabajo!
_ Puede pasar... a nadie se le va a prohibir la entrada, pero deben venir todos los días a decirme qué vienen a hacer al Estadio, dijo en sus palabras, unas sí y otras... en su oficina.
No creo que sea necesario pedirles que por favor nos dejen entrar a las instalaciones... el Estadio Nacional es un patrimonio de la República, un bien deportivo construido con el esfuerzo y sudor de miles de panameños... que pusieron su granito para que hoy sea orgullo de Latinoamérica. Pero por qué pasar todos los días a marcar tarjeta, rogar o rendirle culto de grandeza al administrador del Estadio Nacional.
Señores... esto no puede ser. Me explicaba Garrido en su oficina que por razones netamente periodísticas. Contaba que el diario El Panamá América publicó una foto que no les gustó y que les dieron algo de críticas. Ahora por esa foto los periodistas deben reportarse a la ventanilla.
Más ilógico aún. Lo que publicó El Panamá América es netamente periodístico y no veo el problema. Sólo imaginen lo que harían los ministerios e instituciones gubernamentales si cerraran las oficinas a los periodistas porque les critican a diario.
¡DIOS MÍO!
El Estadio es un templo sagrado y no se les puede criticar. Esto que vivimos es ilógico... cerrar con candado y llaves las puertas para que la prensa no entre, es sumamente una locura. Sí en algún momento se sienten ofendidos, lo mejor es llamar al medio y exponer sus quejas... pero prohibirle a todos los periodistas entrar por una foto... es algo lamentable.
Lastimosamente tenemos que hacer nuestro trabajo, ayer entramos y vimos los entrenamientos, y en vez de comentar lo que hizo el equipo de Cristóbal Girón, tenemos que hablar de la lamentable decisión adoptada por la administración. ¡Periodistas, no entren! |