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Si al tocar al bebé adviertes que está más caliente de lo normal, debes averiguar con la ayuda de un termómetro, la temperatura exacta y en base a ella tomar las medidas oportunas, informando a tu pediatra.
TIPOS DE TERMÓMETROS
De mercurio: Es el más tradicional. El único inconveniente que presenta es su fragilidad. Es muy exacto y de fácil manejo. Electrónico: Es muy seguro y de alta fiabilidad, pues su lectura suele ser muy sencilla y precisa. Timpánico: Es para usarlo en los oídos, pero su utilización es más delicada, aunque la medición se realiza con mucha rapidez. Otros: Existen en el mercado otros métodos pero no resultan de tanta precisión para medir la temperatura. Pueden ser útiles ocasionalmente, y destacan algunos dispositivos en forma de chupete, por ejemplo.
ZONAS DEL CUERPO DONDE PUEDE TOMARSE LA TEMPERATURA
En la axila: Se toma al bebé en brazos, levantando uno de sus brazos y colocando el termómetro en el centro de la axila. Puede usarse tanto el de mercurio como el electrónico. En caso de que tenga avisador, se habrá de esperar a que suene la alarma, y en el caso de termómetro de mercurio, bastará con mantenerlo durante cuatro o cinco minutos. En la ingle: Puedes acostar al bebé sobre la cama o una superficie segura, y colocar el termómetro en la ingle, manteniendo sus piernas cerradas. En el oído: Es necesario contar con un termómetro timpánico y ser extremadamente cuidadosas en su utilización. La lectura es muy rápida e incluso puedes aprovechar cuando el bebé está dormido. En el recto: Se puede utilizar un termómetro electrónico o de mercurio, pero en cualquier caso es importante que marque 35 grados y limpiar el extremo, con alcohol. También hay que lubricar el ano del bebé con vaselina e introducir con mucho cuidado el termómetro, uno o dos centímetros. Apretar las nalgas con la mano. Esperar tres minutos y al comprobar la lectura recordar que en el recto se registra siempre medio grado más que en la axila.
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