|
Este es un tema viejo, que hemos tocado en este espacio una y otra vez durante los últimos doce años. Y nunca -lastimosamente- pasa de moda. Nuestros conciudadanos, niños, jóvenes y adultos, viven de espalda a su realidad, a su pasado y a su presente, y por eso estamos obligados a volver por el camino del llamado de atención.
Si los panameños no conocemos nuestros antecedentes políticos, económicos, sociológicos y hasta musicales si se quiere, estamos condenados al fracaso como sociedad. Es así porque es en las raíces donde podría encontrarse explicación a muchas situaciones que nos agobian hoy en día.
Por ejemplo la política. Si no entendemos nuestros orígenes, allá por el año 1900 cuando terminó de fraguarse el sentimiento separatista, y empezaron a darse conversaciones entre grupos radicalmente opuestos, para terminar con la división de Colombia; si no conocemos los personajes y sus antecedentes, sus primeras tomas de decisiones y su directriz inicial como grupo en el poder, mal podríamos darnos cuenta que como república estamos empantanados en 100 años de historia innecesaria, sangre, traiciones y peculados: políticamente, no hemos dado un paso hacia delante.
¿Y qué decir de la educación? Pocos conocemos los conceptos filosóficos que inspiraron a Octavio Méndez Pereira o José Daniel Crespo, y que sería muy importante rescatar. No es cuestión de repetir esquemas, sino de recuperar criterios.
Si nos quedamos únicamente con el presente, el futuro no será muy prometedor porque, muy posiblemente, repetiremos los errores que en el pasado nos trajeron hasta el actual atoyadero. |