|
El Reverendo Clark trabajó duro para romper cada regla de la Biblia.
Hay algo excitante acerca de un clérigo que se aparta del sendero recto y angosto. No sucede a menudo, pero cuando lo hace tiende a minar nuestra fe.
Donald Lewis Clark nació camino a Alabama de una pareja religiosa temerosa de Dios, quienes le enseñaron a su hijo la Regla de Oro y otros valores buenos y puros. Cuando Donald estaba en los veinte se unió a la Armada de los Estados Unidos, no para mejorar su educación religiosa, sino más bien para ver el mundo.
Después que lo dieran de baja, Donald se casó con Norma, una glamorosa belleza sureña a quien encontró directamente irritante a los tres meses de haber atado el nudo conyugal. Donald se unió a las fuerzas del trabajo civil como un vendedor de publicidad, una ocupación que muchos sienten que tiene una cierta relación con la religión. Cuando no estaba vendiendo, servía al Todopoderoso como pastor laico.
A la edad de 45 años, Donald dejó las emociones y sinsabores del juego de la publicidad para convertirse en un ministro ordenado. Se impuso como líder espiritual de la Lurgan United Brethren Church, justo en las afueras de Shipensberg, Pensilvania. Mientras estaba empleado al servicio del Señor, se distinguió por llevar a muchos paganos hacia la luz y en ser un predicador excelente.
Un trabajo tan ejemplar no pasó desapercibido. Pronto Donald era solicitado. Cuando su contrato terminó se convirtió en un agente libre. Igual que un jugador de fútbol que busca pasto verdadero antes que pasto artificial, Donald también buscó pasturas más verdes. Se mudó a Greencastle, Pensilvania, donde atendía a los feligreses de la Macedonia United Brethren Church.
Fue un impacto terrible para todos los que la conocían cuando Norma simplemente se desvaneció de la faz de la Tierra. Imagínense, la esposa del nuevo pastor podría haber sido raptada o le podría haber sucedido un terrible accidente. La congregación apenas había llegado a conocer a la pobre Norma. La feligresía pasó mucho tiempo rezando por su retorno a salvo. Rezaron y rezaron hasta que más bien olvidaron su nombre...Oh, sí, Norma.
Donald sufrió la pérdida de su primera esposa hasta que conoció a Phyllis, a quien el destino había creado para ser su segunda esposa. Phyllis era atractiva y para nada irritante. Era también saludable y robusta. Ese fue el motivo de que todo el mundo se sorprendiera cuando corrió la voz por toda la congregación en octubre de 1981, de que Phyllis estaba sufriendo retortijones de estómago. No estamos hablando de dolores agudísimos e incontrolables. Se estaban haciendo planes para que la esposa del reverendo fuera admitida en el hospital, cuando se cayó en las escaleras de la casa parroquial. Phyllis fue llevada rápidamente al hospital, donde expiró siete días después.
El reverendo Clark estaba comprensiblemente desolado. Lloró, se deprimió e hizo todas esas cosas que los esposos cariñosos y sensitivos hacen cuando pierden a su amada. Todo el mundo pensó que era lo propio y lo adecuado cuando el Reverendo Clark requirió de los doctores que no hicieran una autopsia. No podría soportar el pensamiento de que el adorable cuerpo de Phyllips fuera profanado. Donald habló de suicidio, lo que definitivamente no corresponde a un reverendo.
Los más ancianos de la iglesia se preocuparon cuando mes tras mes observaron que el comportamiento de Donald iba de mal en peor. No tenían modo de saber que su pastor se había casado en secreto con Ronaele "Candy" Rotz. Ahora, a pesar de su sobrenombre, Candy era una mujer religiosa. Era miembro de la Lutheran Church Women y Guía del Altar. En un domingo, se la podía oír cantando canciones inspiradas como miembro del coro de la First Evangelical Lutheran Church. En sus horas libres, Candy enseñaba catequesis.
El reverendo estaba engañando a todos, pero no por mucho tiempo. Los mayores, todavía ignorantes de la esposa número tres, olieron a rata encerrada. Lo despidieron a Donald por comportamiento errático y le dieron aviso de desalojar la casa parroquial en un mes. Candy no sabía que su esposo era un pastor. El le dijo que era un agente investigador del grupo contra la droga en el gobierno. Esa era la razón por la que él vivía en Greencastle y Candy vivía en Chambersburg a unos 15 kilómetros.
Ustedes pueden imaginarse el impacto y el ultraje experimentados por los compañeros de iglesia de Candy cuando, el 7 de abril de 1983, fue encontrada completamente desnuda y muerta en su bañera. Había un calentador eléctrico en la bañera con Candy.
Pronto se enteraron que el Reverendo Donald Clark era el marido de la difunta. Esta vez, la muerte de la esposa de Donald fue investigada. La policía descubrió que en su certificado de matrimonio había puesto como ocupación, oficial de policía. Supieron que ésta era una descarada falsedad. Todo el mundo estaba consciente de que el reverendo era un reverendo.
Los investigadores también se enteraron que Donald había cobrado 50.000 dólares por la muerte de Phyllips, procedentes de un seguro de vida que había sacado sólo seis meses antes de su muerte. Ese Donald era una criatura de hábitos. Ocho días después de su matrimonio con Candy había sacado un seguro de vida similar para ella, valuado en 50,000 dólares con una compensación de $200.000 si moría como resultado de un accidente. Tan seguro de sí mismo estaba nuestro Donald que presentó una oferta sobre una casa de $90,000 aún cuando sabía que había perdido su posición ministerial y no poseía ninguna entrada en absoluto.
Mientras investigaban la muerte de Candy, llos detectives echaron un vistazo a las vidas y muertes de las tres esposas de Donald. El misterio de la desaparición de Norma nunca había sido resuelto. El cuerpo de Phyllis fue exhumado. Los patólogos encontraron que había sido alimentada con pequeñas dosis de arsénico durante un período de tiempo. En medio de dolores insoportables se había caído por las escaleras. Candy había sido golpeada en la nuca, dejándola inconsciente. Había sido colocada en la bañera, después de lo cual Donald tiró un calentador eléctrico conectado, electrocutándola. Donald era un pillo hecho y derecho. Detectives entrometidos se enteraron de que tenía a una adolescente capaz y bien dispuesta a su lado, por así decirlo. Esta inocente no tenía idea de que Donald era casado. El le había propuesto matrimonio antes del accidente de Candy.
Después de concluir su investigación, la policía cayó sobre la casa parroquial. Demasiado tarde. El Reverendo Donald Lewis Clark yacía desnudo y muerto en el piso de su baño. Había tomado una dosis mortal de veneno. Al lado de su cuerpo yacían varias notas suicidas explicando cuanto lamentaba todo el dolor y la pena que había causado. También mencionaba que la carne es débil, lo que todos nosotros sabemos que es cierto. |