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El 4 de febrero de 1997 las enfermeras y auxiliares de Enfermería de la República de Panamá, iniciaron un paro de labores en el ámbito nacional, el cual se levantaría, una vez se suspendiera la discusión del segundo debate del Proyecto de Ley 63 por el cual se creaba el Sistema de Ahorro y Capitalización de Pensiones de los Servidores Públicos (SIACAP). En la madrugada del 5 de febrero de 1997 lejos de suspender el debate, se aprobó la ley del SIACAP, que derogaba la ley del Fondo Complementario y eliminaba las jubilaciones especiales, exceptuando a los policías y bomberos.
Tres años después, cuando el plazo de la extensión de jubilaciones especiales finalizaba, 401 enfermeras ya habían emigrado a otros países y las enfermeras nuevamente reclamaron al Ejecutivo, con la mediación del nunca olvidado Monseñor Rómulo Emiliani, un retiro laboral justo, asunto que el Gobierno actual archivó, mientras se les hacía un aumento salarial como entretenimiento.
Una vez perdida la jubilación especial, las enfermeras deben trabajar hasta cumplir los 57 años de edad. En compensación estiman la necesidad de agregar, dos etapas más al salario. Para ello es necesario la modificación de la ley que contempla el pago de las etapas, cada tres años, para las enfermeras y auxiliares de Enfermería.
Las enfermeras y maestros que siguen reclamando la extensión de las jubilaciones especiales hasta el año 2002.
Los asegurados del área metropolitana están muy contentos con la adquisición por parte de la CSS de los hospitales San Judas Tadeo y América. Las enfermeras que trabajan actualmente en Pediatría (Urgencia, V piso y Consulta Externa) del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid (CHMDr.AAM) pasarán, Dios mediante, en el mes de septiembre de 2002, al Hospital América.
El gremio de enfermeras continúa buscando alternativas, para mejorar las condiciones de trabajo. La escasez de enfermeras persiste. Las instalaciones de salud se expanden constantemente. Los nombramientos de nuevas unidades no llegan a suplir las necesidades, ya que continúa existiendo el turno extra, es decir, las enfermeras que por necesidad en el servicio y voluntad propia quieren hacer turnos pagados, aparte de los reglamentarios, lo pueden hacer. El dinero que se les paga por esos turnos extras, es muy poco teniendo en consideración que, se les descuentan los impuestos y al final la suma recibida es irrisoria. ¿Valdrá la pena doblar turno, para beneficiar a las instituciones de Salud, sacrificando el descanso y a la familia por tan poco dinero? La solución es nombrar el personal necesario, para que se acabe la explotación. |