¿Quien
será mi padre?

Hermano Pablo
Colaborador
Greg Wiatt había
tenido una vida normal. Sus padres lo criaron con amor y comprensión.
En su niñez y juventud había sido feliz. La rutina
de su vida -su escuela primaria, su secundaria y sus estudios
universitarios- había sido como la de todos los demás
jóvenes que él conocía.
Pero a los veintisiete años de edad su padre murió,
y con la muerte de su padre comenzaron a surgir ciertas sospechas.
Éstas poco a poco causaron dudas en la mente de Greg sobre
quién era su verdadero padre, y al cumplir veintiocho
años todo salió a la luz. El hombre que había
sido el padre de familia, y que había criado y educado
a Greg, no era su verdadero padre. Eso no era todo. El secreto,
que se había guardado tan celosamente, era que el padre
de Greg había sido un donante anónimo de esperma.
Cuando supo la realidad de su trasfondo, Greg Wiatt expresó
su decepción en estos términos: "No sé
cómo describir la sensación de pérdida que
experimenté. No sólo perdí toda esperanza
de conocer a mi padre. Perdí también mi dignidad,
perdí el respeto a mí mismo, perdí mi identidad."
¿Quién de nosotros sabe cómo reaccionar
ante avances científicos de esta naturaleza? En este caso,
un donante anónimo de esperma, quizá un estudiante
universitario que ahora podrá ser algún profesional,
vendió esperma para cubrir gastos. Pero la ley dicta que
se debe guardar el anonimato del donante.
Ahora un hijo de ese anonimato desea saber de dónde
viene. Lo que en una generación fue un gran avance, en
la otra resulta ser una gran decepción.
Esto nos lleva a dos conclusiones. La primera es que a veces
algunos avances de la ciencia involucran aspectos morales que
no se toman en cuenta. Desgraciadamente, en la búsqueda
de nuevos adelantos científicos no siempre se consideran
todas las posibles consecuencias.
La segunda conclusión es que todo ser humano es un
ser único e importante. Es una persona creada a la imagen
de Dios, y tiene el mismo valor y trascendencia que tiene toda
otra persona del mundo.
Cada uno de nosotros es una persona amada para la que Dios
tiene un destino especial. Fue por nosotros que Jesucristo, el
Hijo de Dios, entregó su vida en el Calvario. Lo hizo
para redimirnos de nuestros pecados y para hacernos hijos eternos
de Dios. Rindámonos al señorío de Cristo,
y recuperaremos la confianza de ser la persona digna que Dios
creó. Él nos ama profundamente.
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