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Con un tono burlón pregunté: "¿Crees que al Tiburón le importa un rábano con las sardinas?".
Uds. pensarán que estábamos hablando de animales del mar, pero se trataba de una conversación muy seria sobre la globalización, los tratados de libre comercio y otros asuntos económicos mundiales.
Cuando fracasó el comunismo, el mundo quedó en manos de una sola potencia: los Estados Unidos y su capitalismo como fórmula económica.
Ahora el asunto es repartirse el pastel de las economías del mundo, entre los llamados "bloques" de países fuertes. Ellos son Europa y su mercado común, que incluso tiene una sola moneda para rivalizar con el dólar norteamericano.
Otro bloque está en el Asia, con Japón, China (ambas), Corea, como los países principales.
Queda por formar el bloque de países latinoamericanos, donde hay mucha gente pero también miseria y desunión.
Algunos hablan de Africa, pero allí no hay todavía un bloque económico que merezca la pena considerarse.
Respecto a Estados Unidos, este país ha resguardado sus fronteras económicas con tratados de libre comercio con México (mano de obra barata y bastante buena) y Canadá, que aunque tiene poca gente posee un nivel de vida incluso más alto que los norteamericanos.
Esos países y bloques poderosos económicamente son los que llamé "los tiburones", mientras que las naciones pobres como las de Latinoamérica serían las vulnerables "sardinas".
Quienes hacen comercio solamente piensan en el dinero y las ganancias de los accionistas. Dudo que tengan alma de benefactores y quieran mejorar el nivel de vida democrática de los países pequeños por idealismo. Sencillamente, una nación sin problemas será mejor mercado.
Y muestra de un mordisco del tiburón lo es la famosa "globalización", que como he dicho anteriormente significa que el pez grande (tiburón) se comerá al más chico (nosotros, las sardinas).
Por eso nos presionan para que privaticemos nuestras instituciones de luz, teléfono, agua, cemento, etc., con el cuento que mejorarán sus servicios. Ya nosotros comprobamos esa mentira: ha aumentado el costo de los servicios privatizados y no son nada del otro mundo. (Lo primero que hicieron al privatizar, fue botar panameños).
El tiburón se regodea logrando que sus productos hechos por millones, lleguen a nuestras endebles economías y acaben con los pocos productores que teníamos, aumentando el desempleo y la miseria.
Esto lo saben bien los agricultores de Tierras Altas de Chiriquí, los productores de papel higiénico y galletas, etc.
No ha bajado el costo de la vida con privatizaciones y la entrada de alimentos y productos de todo el mundo, pero sí han quebrado algunas empresas panameñas con el consabido despido de obreros.
El distinguido profesional con quien conversaba, tuvo que aceptar que "al tiburón no le importa nada con el futuro de las sardinas".
Menos mal que la presidenta Moscoso demostró que sabe esta realidad en la reunión de Quebec, Canadá. Ojalá tome medidas para protegernos de los zarpazos del tiburón poderoso, ya que su deber es ayudar a nuestro pueblo a mejorar su nivel de vida. |