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  VARIEDADES

CRIMENES FAMOSOS
Hasta que la muerte nos separe

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Max Haines
Colaborador

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Lynda Lyon y George Sibley

Lynda Lyon y George Sibley es el único matrimonio en el pabellón de los condenados en los Estados Unidos.

Wetumpka, Alabama. La prisión para mujeres Julia Tutwiler está apartada del camino transitado, alrededor de 25 kilómetros de Montgomery. Es allí donde el estado de Alabama aloja a sus prisioneras femeninas. La institución es la única prisión para mujeres en el Estado.

El celador Earnest Harrelson, un ardiente cazador con arco y flecha, se sienta en su oficina rodeado por sus trofeos embalsamados que parecen mirarnos a través de sus cuencas vacías mientras hablamos de sus cargos.

De acuerdo a Harrelson, hay aproximadamente 700 reclusos en la institución. Una sonrisa cruza su cara cuando le cuento que en Ontario el estipendio de 5 dólares por semana recibidos por todos los internos acaba de ser abolido. Es rápido en destacar que semejante remuneración no está disponible en Alabama, "acostumbraba ser 25 c., por semana. Lo llamábamos dinero para tabaco, pero eso fue suspendido hace un año".

En este momento hay cuatro mujeres en el pabellón de los condenados en Julia Tutwiler Prison. Una de esas mujeres, Lynda Lyon, es la razón de mi visita al sur de Estados Unidos.

UNA AUSTERA Y BLANCA OFICINA

Las rejas del suelo al techo pintadas color marfil se abren electrónicamente mientras un oficial de la prisión me guía a un cubículo privado. Disculpándose, me pide que vuelva a mi auto y que deje mi billetera cerrada bajo llave y segura. A mi vuelta, me explica, mientras me palpa, que las llaves de mi auto me serán devueltas cuando me vaya. Me sacaron los zapatos y los golpearon suavemente contra el suelo de concreto. El contrabando puede ser pasado a la prisión en los tacos de los zapatos. Al fin fui llevado a una austera oficina blanca que contenía sólo una mesa y dos sillas. Un guarda me dijo que en pocos momentos vendría Lynda Lyon.

Lynda entra, acompañada por un guarda. ¿Puede esta atractiva mujer con el cabello rubio aclarado, grandes ojos azules y delgada figura ser la asesina por la que yo viajé tan lejos para ver? Yo extiendo mi mano. Lynda da un paso atrás, explicando que sus manos están esposadas detrás de la espalda. Después que un guarda las abre, nos damos la mano. La guardiana de rostro severo toma su posición afuera de la puerta de la oficina.

Lynda, en su impecable enterito blanco producido por reclusas compañeras a 25c., la hora, relata su historia como lo ha hecho tan a menudo desde ese día en octubre de 1993, cuando tiroteó y mató un oficial de policía. Ella nació en Orlando, Fla., se graduó en la escuela secundaria y completó algunos cursos en la universidad antes de dejar el estudio para seguir la carrera de estilista de peinados. A la edad de 19 años, Lynda se casó con un colega también estilista, el primero de sus cinco maridos. La pareja tuvo un niño. En los años subsiguientes, Lynda, de la que sólo podemos asumir que era un espíritu libre, navegó por el Golfo de Méjico con un marido por más de un año. Con otro, recorrió el país en motocicleta.

Fue un altercado con Karl Block, el marido número cuatro, lo que precipitó la serie de desventuras que iban finalmente a llevarla al pabellón de los condenados de Alabama. Tenía 35 años cuando se casó con Karl de 71 años. Lynda es rápida en destacar que, a pesar de su edad, Karl era un hombre activo y viril. Al poco tiempo la pareja tuvo un hijo, Gordon.

En 1991, Lynda conoció a George Sibley en una reunión de Libertarios en Orlando. La pareja se hizo amiga y finalmente amantes. Un año más tarde, ella y su marido Karl estuvieron de acuerdo en no estar de acuerdo. Se divorciarían. Karl le dejaría la casa para ella y el pequeño Gordon. Mientras tanto ella y George se involucraron profundamente en el movimiento Libertario. Juntos lanzaron una revista conteniendo artículos sobre corrupción en el gobierno. En el proceso, de acuerdo a Lynda, se hicieron de muchos enemigos.

Por razones propias, Karl cambió de idea en cuanto a dejarle legalmente la casa a Lynda. Ella decidió tener una charla con él en un esfuezo para hacerlo cambiar de idea. George la acompañó a la residencia de Karl. Lynda me cuenta, con cierto grado de orgullo, que ella no llevó su revólver a la reunión. En su lugar, llevó un cuchillo.

Durante la reunión, se generó una discusión, la cual subió de tono hasta llegar a una refriega. Karl recibió un corte en el pecho. Si la oye a Lynda contarlo, la herida era poco menos que un rasguño superficial, aunque reconoce que, "Sangraba mucho". George y Lynda vendaron la herida y partieron.

A las 2:30 de la madrugada, la pareja fue arrestada y acusada de violencia doméstica. Pasaron cinco días en la cárcel antes de ser liberados bajo fianza. De acuerdo a Lynda les aconsejaron "aceptar los cargos". Mientras estaban esperando la sentencia, inundaron a funcionarios con documentos clamando corrupción en puestos altos y su denegación a un juicio justo. Ahora estaban en peligro de ser enviados a prisión por tres años. Decidieron huir del Estado. Cuando no aparecieron para la sentencia, Lynda y George se convirtieron oficialmente en fugitivos.

Lynda, George y Gordon, de nueve años, marcharon a Alabama. Cerca de la pequeña ciudad de Opelika se detuvieron en el Papperell Shopping Center. Lynda caminó hasta un teléfono público enfrente de una tienda de Wal-Mart, mientras Gordon y George permanecían en el auto. Sin que los fugitivos lo supieran, una mujer, Ramona Robertson, pensó que algo andaba mal en la parte trasera del Mustang. Un niño sólo con un hombre, más almohadas y ropas de cama en el auto, despertaron sus sospechas. Vio al oficial Roger Motley del Departamento de Policía de Opelika saliendo de una tienda cercana y le comunicó su preocupación. Más tarde en el juicio de Lynda, esa misma mujer juró que el niño en el auto estaba tratando de llamar su atención. Ella creyó que estaba siendo retenido contra su voluntad. Lynda vehementemente afirma que el testigo estaba mintiendo.

El oficial Motley condujo su patrullero arriba y abajo de las filas de autos hasta que localizó el Mustang castaño descrito por la Robertson. Se bajó de su vehículo. George vio aproximarse al oficial y también se bajó de su auto. El oficial Motley pidió ver la licencia de conductor de George. George, que no tenía licencia, trató de explicar que tenía documentos en la guantera del Mustang exceptuándolo de llevar una licencia. Motley respondió pidiéndole a George que pusiera las manos sobre el vehículo. Cuando George no reaccionó a la orden, el oficial Motley, de acuerdo a Lynda, pareció buscar su arma. Los oficiales investigadores afirman que George fue el primero en alcanzar su revólver.

De todos modos, George sacó su propia arma. Motley se dio vuelta y se tiró detrás del auto policial. Lynda oyó tiros, vio compradores corriendo a refugiarse y luego la escena del tiroteo entre el policía y su George. Ella corrió detrás del oficial, que no la vio. Lynda desenfundó su arma e hizo varios disparos. Uno dio directamente en el pecho de Motley mientras se daba vuelta sorprendido para enfrentar a este segundo adversario. El oficial Motley pudo arrastrarse hasta su auto policial y radiar el código para "oficial necesita toda asistencia posible". Intentó alejarse conduciendo, pero chocó contra varios autos estacionados y se detuvo. Llevado rápidamente al cercano East Alabama Medical Center, fue declarado muerto seis minutos después del tiroteo. Más tarde, una autopsia revelaría que el oficial Motley había sido baleado cuatro veces.

¿Qué sucedió en realidad durante el tiroteo? George afirma que el oficial de policía estaba a punto de tirarle. Lynda dice que baleó al oficial para salvar la vida de su marido. Ambos manifiestan haber tirado en defensa propia. Los investigadores del caso creen que Lynda baleó al oficial Motley a sangre fría mientras su maridito George le estaba tirando varios tiros al mismo tiempo.

La situación plantea la pregunta, ¿los ciudadanos que cumplen con la ley, conducen por ahí con dos rifles, dos revólveres y municiones suficientes para proveer un pequeño ejército? Lynda explica que ella y George habían recibido entrenamiento con armas. Cuando cargaron su auto en Orlando con unas pocas cosas valiosas de su residencia, fue sólo natural para ellos el tomar sus armas. "Además, yo siempre llevo un arma", me dice Lynda.

George había sido baleado en el brazo. Con Gordon llorando, la desesperada pareja huyó. En unos pocos kilómetros por un camino de campo, divisaron un bloqueo policial. George frenó hasta detenerse.

Los policías, con las armas desenfundadas, se aproximaron al Mustang. Lynda gritó al oficial más cercano, "deténgase. Tengo un niño en el auto". Después de una breve conferencia en su radio, el oficial respondió, "está bien, señora, no tiraremos. Puede dejar ir al niño". Lynda abrió la puerta y vio a su hijo correr hacia la seguridad.

George y Lynda se sentaron en su vehículo por cuatro horas. Su situación era sin esperanzas. Mientras caía la noche, observaron que la policía regular se había retirado, mientras que un equipo de la policía especial SWAT tomaba una posición más cercana. Dentro del Mustang, los fugitivos hablaron sobre sus opciones, de las cuales, una era el suicidio doble. George y Lynda hicieron tratos con la policía a cambio de un rendimiento pacífico. Al final, la policía dio a la indecisa pareja cinco minutos para tomar una decisión. Ellos bajaron sus armas y con las manos levantadas, se rindieron.

RECHAZA LA APELACION

George Sibley fue juzgado primero. El resultado fue una conclusión prevista. Fue encontrado culpable de asesinato y penado con la pena capital. El jurado de Alabama recomendó la sentencia de muerte.

Lynda despidió a sus abogados nombrados por la corte y actuó como su propia consejera. Nuevamente el resultado era previsible. Fue encontrada culpable. En la parte de la sentencia del juicio, Lynda manifestó que había presentado todos los temas pertinentes en su juicio y se negó a rogar por su vida. Fue sentenciada a muerte.

Ahora Lynda se sienta en su celda del Pabellón de la Muerte negándose a ejercer los muchos recursos de apelación disponibles. Está determinada a ir directamente al Congreso de los Estados Unidos, acusando a la Asociación Americana de Abogados de fraude y traición. Ella cree que manejando sus propios asuntos tiene una gran posibilidad de éxito. No muchos están de acuerdo con ella. Su marido, George, está en el Pabellón de los Condenados en Holman Prison en Atmore, una pequeña comunidad en el sur de Alabama. El y Lynda tienen la dudosa distinción de ser el único matrimonio sentenciado a muerte en los Estados Unidos.

Los Estados Unidos, junto con muchos países donde se practica la pena capital, es reacio a ejecutar a sus criminales femeninos. La última mujer en ser ejecutada en los Estados Unidos fue Velma Barfield de Carolina del Norte, quien confesó haber envenenado a su madre, su prometido y a otras dos personas. Fue muerta con una inyección letal el 2 de noviembre de 1984, en la Raleigh's Central Prison.

Más reacio todavía a ejecutar mujeres en el estado de Alabama. La última mujer sentenciada a muerte en el estado fue Rhonda Bell Martin, quien fue convicta de matar al cuarto de sus cinco maridos. También mató a tres hijas, su madre y otro marido. Martín fue ejecutada en la Holman Prison el 11 de octubre de 1957, hace casi 40 años.

Lynda Lyon está bien consciente de la silla eléctrica en Holman Prison, la cual les espera a ella y a su marido. Le hice una pregunta final. "Lynda, mientras estamos sentados aquí, ¿siente que será ejecutada en la silla eléctrica?".

Sin dudar, replica, "No".

Mientras recupero mis pertenencias y dejo a Julio Tutwiler Prison, no puedo dejar de sentir que podría estar equivocada.

ESPERA SU EJECUCION

  • Durante su juicio por asesinato, Lynda Lyon dijo que ella había disparado contra el oficial de la policía de Opelika Roger Motley para salvar la vida de su esposo. El jurado fue de diferente opinión y sentenció a Lyon a muerte.
  • CULPABLES DE ASESINATO

  • Lynda Lyon está encarcelada en la Prisión de Mujeres Julia Tutwiler en Wetumpka, Alabama. George Sibley, izquierda, está en el Pabellón de Condenados en la prisión Holman en Atmore.
  • Distribuido por Editors Press Sercice Inc., 376 Interstate Court, Sarasota, Florida 34240, Estados Unidos.

     

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