VARIEDADES


Intolerancia a la lactosa

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M. R. Hiller

ESTIMADO DOCTOR HILLER: Me gusta la leche, y como soy vegetariana, como mucho queso y yogurt. Con el paso de los años, cada vez siento más gas. Un amigo me indicó que es posible que sea alergia a la leche. ¿Es posible?

ESTIMADA LECTORA: La verdadera alergia a la leche es extraña. La alergia a la leche es una reacción anormal del sistema inmunológico a la leche y puede causar síntomas digestivos además de otros, tales como sarpullido, urticaria, hinchazón de los labios, lengua o garganta, y dificultades al respirar. Normalmente comienza en la infancia y ha cesado para la edad de tres años. Un problema más normal es la intolerancia a la lactosa, una enfermedad causada por la dificultad de digerir el azúcar de la leche (lactosa). Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son el dolor abdominal, la diarrea, la distensión del abdomen y la flatulencia que normalmente comienza a media hora a dos horas después de consumir comida que contiene lactosa.

La lactosa es el azúcar más importante tanto en la leche de vaca como la leche humana. Para poder utilizar la lactosa debe estar descompuesta en sus azúcares más pequeños, la galactosa y la glucosa. La lactasa, un enzima que se produce en el intestino delgado, es la que posibilita esta descomposición.

Los bebés normalmente producen grandes cantidades de lactasa, lo que les permite utilizar la fuente principal que ofrece la naturaleza para la nutrición infantil, la leche. Los niveles altos de lactasa no suelen persistir; comenzando en algunos casos a la edad de dos años, la producción de lactasa puede empezar a disminuir. Esto da como resultado lo que se conoce como "hipolactasia primaria" o "no persistencia de lactasa" y se considera más bien un proceso normal de maduración y no una enfermedad. Casi el 75% de los adultos en todo el mundo tienen esta no persistencia la lactasa. La disminución en la producción de la lactasa está programada genéticamente y varía considerablemente entre grupos étnicos.

Cuando los niveles de lactasa son insuficientes para poder descomponer la cantidad de lactosa consumida, parte de esta lactosa pasa intacta al colon, donde es digerida por bacterias. Este proceso produce gases que se eliminan a través de más actividad bacteriana o de la absorción en el flujo sanguíneo, pero en algunas personas esto no sucede con suficiente rapidez para evitar síntomas como distensión abdominal y flatulencia.

La lactosa del colon que no es digerida por bacterias aumenta la retención de agua en el colon, lo cual puede provocar diarrea. Los niveles reducidos de lactasa no siempre causan síntomas incluso cuando se consume lactosa. En aquellos en los que sí aparecen los síntomas, la intolerancia a la lactosa no es una cuestión de todo o nada. La gravedad de los síntomas, así como la cantidad de lactosa que ha de ser consumida antes de que empiecen los síntomas, varía de persona a persona.

Existe el problema de que la gente piense con demasiada rapidez que sus problemas digestivos son causados por la intolerancia a la lactosa y reduzcan innecesariamente el consumo de productos lácteos, cuando en realidad sus síntomas pueden haber sido causados por otras enfermedades o simplemente tratarse de sensaciones normales.

Un estudio de la Universidad de Minnesota encontró que 9 de cada 30 adultos que pensaban ser intolerantes a la lactosa no tenían niveles bajos de lactasa y podían digerir la lactosa sin problemas.

Los resultados de este estudio, llevado a cabo por el doctor Fabrizis Suárez, aparecen en el número del 6 de julio de 1995 del New England Journal of Medicine.

La digestión deficiente de la lactosa puede ser confirmada a través del test de hidrógeno en la respiración, que comprueba si se ha producido hidrógeno durante la fermentación bactericida de la lactosa, lo que es evidencia de que la lactosa no digerida ha alcanzado el colon. Otros test miden los niveles de glucosa en la sangre los cuales deben aumentar sólo, después de consumir lactosa, si hay suficiente lactasa para la digestión de la lactosa.

En Estados Unidos más del 70 por ciento del calcio se consume en los productos lácteos. El calcio es muy importante en la prevención de la osteoporosis, hipertensión y posiblemente algunos cánceres. La mayoría de los americanos tienen una dieta deficiente en calcio, y si se limita la toma de productos lácteos, se dificulta a su vez la toma del calcio necesario. Además de en los productos lácteos, el calcio se encuentra en algunas verduras, como el brécol, la col rizada y los nabos; pescados como el salmón y las sardinas, el tofu, y la melaza. Si es necesario, se pueden tomar suplementos en pastillas que contengan calcio.

Varios estudios han encontrado que la mayoría de las personas intolerantes a la lactosa pueden consumir al menos uno o dos vasos de leche al día sin problemas. La mayoría de estas personas pueden continuar tomando productos lácteos en moderación si siguen estos simple consejos:

1-Beber la leche durante las comidas en vez de con el estómago vacío; repartir el consumo durante el día.

2-Consumir productos lácteos que sean bajos en lactosa de forma natural, como los quesos duros (casi todos estos quesos no tienen casi lactosa).

3-Consumir yogur que tenga "cultivos activos", ya que, aunque tenga niveles altos de lactosa, también contiene organismos que producen lactasa.

4-Intentar cambiar el tipo de leche que consume. A algunas personas les sienta mejor la leche chocolateada que la normal, u otras toleran mejor la desnatada que la entera, etc.

5-Determinar cuál es su nivel de tolerancia y consumir productos lácteos de forma regular. Si se consumen productos lácteos sólo de vez en cuando, es más probable que existan síntomas. La ingestión regular no eleva los niveles de lactasa, pero parece ser que aumenta el índice en el que las bacterias pueden digerir la lactosa.

6-Tomar ayudas digestivas si son necesarias. Ayudas que contienen enzimas para digerir la lactosa pueden ser tomadas en forma de tableta antes de las comidas. También existe una enzima líquida que puede ser añadida a la leche. También existen leches ya preparadas.

7-Tener cuidado con la lactosa oculta. La leche es la única fuente natural de lactosa, pero a menudo se añade lactosa a los preparados alimenticios, como productos de bollería, cereales, embutidos, aliños de ensaladas, sopas y caramelos; y puede estar presente en algunos medicamentos o productos marcados como no lácteos. Mire las etiquetas y busque términos como suero, cuajada o requesón e hidrolizado de caseína.

Antes de atribuir problemas digestivos existentes a la intolerancia a la lactosa, es prudente consultar a un doctor para que descarte otras posibles causas, tales como el síndrome de irritación del intestino o, poco probable, la alergia a la leche. Aunque puede causar síntomas incómodos, la intolerancia a la lactosa en sí misma no es peligrosa para los adultos. Puede ser tratada usando un sistema de pruebas y errores para establecer a qué niveles se siente cómodo tras modificar su toma de productos lácteos según sea necesario.

 

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