El noventa por ciento de los que asistieron al ATLAPA, apropiadamente vestidos y perfumados a recibir la emocionante propuesta presidencial de la ampliación del canal, representa a la esmirriada clase media que está endeudada hasta la médula con bancos, financieras, casas de empeños y agiotistas. Esos que aplaudieron varias veces hasta el sangrado lo que parecía un estreno de gala en Hollywood, saben perfectamente que la verdadera película de nuestra patria es la de un país subdesarrollado con 92 años de canal, sufriendo la conduerma de la mitad de su población viviendo en pobreza y con la totalidad de ella en manos de la inseguridad y la delincuencia y que lo prudente sería utilizar los excedentes canaleros por algún tiempo en beneficio de las mayorías, en vez de endeudarnos tan rápida e insólitamente en una prematura ampliación.
Los recientes comentarios de los pilotos y prácticos del canal hacen ver tan sietemesina la construcción de un nuevo juego de esclusas, ya que aseguran que actualmente, con simples cambios en las normas del tránsito se eliminarían las colas de buques en ambos océanos, entonces para qué estirar más el sufrimiento de un pueblo crucificado que cuelga agonizante con un letrero de espinas encarnado en su frente que reza: "PRO MUNDI Y BENEFICIO", nación que pide agua potable por señas porque ya se le secó la garganta, República que va al seguro y no hay medicinas, Patria que manda a sus hijos a escuelas convertidas en verdaderos focos infectos y desilusionados citadinos y provincianos que salen a las calles expuestos a balas perdidas y atracos.
Hasta qué horas de nuestra eternidad pagaremos ese pecado de: ¿PRO MUNDI Y BENEFICIO?..Los inmensos capitales de la ampliación y de los edificios altos que vemos crecer como hongos, no gotean las raíces de las inmensas mayorías, esos beneficios engordan sí el crecimiento del PIB, pero quedan colgando en lo alto y al pueblo sólo le llega el olor del bienestar y del progreso.