Sólo un puñado de personas en los últimos 335 años ha podido apreciar la vista de la ciudad desde lo más alto de la Catedral de Panamá La Vieja.
Y todos los que tuvieron la fortuna de llegar a la cima de su torre estaban demasiado ocupados trabajando, ya sea en estudios arqueológicos o trabajos de restauración, entre arneses y andamios.
Pero desde el pasado 26 de abril, cientos de panameños y turistas extranjeros ahora pueden ver el océano Pacífico desde el lado sur, y los congestionamientos vehiculares de la vía Cincuentenario en casi toda su extensión en el lado oeste. Más allá, se aprecian claramente los condominios de Paitilla y luego el Casco Antiguo, en donde muchas de las piedras que formaban parte de esta misma torre se usaron para construir viviendas.
Luego de trabajos de restauración que iniciaron en 2002, la pieza estrella del complejo monumental de Panamá La Vieja ahora se ve como si se hubiera maquillado para recibir visitas.
Aunque se utilizaron piedras sacadas del mismo complejo, todas fueron limpiadas cuidadosamente y recubiertas con una capa protectora de mortero de cal, mismo material que se utilizó para su construcción original. El efecto visual que esto causa es el de una torre que luce más joven que el resto del complejo monumental.
En cada paso hacia la cima se aprecian letreros con leyendas sobre la historia del monumento, el proyecto de restauración y frases célebres que sobre ella han escrito historiadores y personalidades. Los escalones de madera de bálsamo conectan a cuatro niveles diferentes, donde están ubicadas los ventanales.
"La estructura descansa sobre los muros de la torre, y contribuye a la estabilidad del monumento aportando carga a los muros de mampostería", explicó Félix Durán, arquitecto del Patronato de Panamá La Vieja.
Mientras Crítica subía por los escalones, grupos de turistas europeos se tomaban fotos y apreciaban una vista que dejó de ser común desde el siglo XVII.
Al final, ni a los locales ni los extranjeros les importó mojarse con el aguacero. Esta era una oportunidad de experimentar el monumento emblemático de la ciudad de Panamá como no se había podido en más de tres siglos.