"No conviene remover el pasado, al que recuerda lo viejo que le saquen un ojo y al que olvide que le saquen los dos", dijo el disidente soviético y Premio Nobel de Literatura, Alexander Solzhenitsyn, al referirse a la sangrienta época de la represión estalinista.
Durante el tiempo de duración de una dictadura, los temas de los derechos humanos se convierten en criaturas que atraviesan en solitario las vastas y gélidas estepas, en busca de un destino incierto.
En Panamá, los medios de prensa han comenzado a revelar lo que en el pasado fue un tabú. Nos han dado a conocer lo que la historia oficial ha ignorado. Por ejemplo, afirma el coronel retirado Amado Sanjur, la existencia de cuatro dictadores durante la época del gobierno militar (el propio general Omar Torrijos, Boris Martínez, Rubén Darío Paredes y Manuel Antonio Noriega).
Algo que antes solo era una especie de conjetura sin pruebas contundentes, ahora comienza a salir a la luz. Se dan a conocer las torturas a las que fueron sometidos los detenidos.
Un cable Wikileaks, publicado por el Panamá América, revela el trato bestial que era aplicado a los opositores. En ese documento se menciona el secuestro de Gustavo Cedeño y el salvaje interrogatorio al que fue sometido el 5 de diciembre de 1989.
Cedeño identificó a unos de los torturadores que, por cierto, ocupó un alto cargo durante la pasada administración. Recordó que los matones de la dictadura han sido y son utilizados en las cárceles, lo que demuestra la transgresión de los derechos de los detenidos y la impunidad de los responsables de estos delitos de lesa humanidad.
En la actualidad, los sobrevivientes se encuentran en las calles con sus verdugos y no solo eso, porque en ocasiones, hasta los ven ocupar importantes cargos en los gobiernos democráticos.