En menos de una semana, dos personas han muerto atropelladas por autobuses en la ciudad capital.
Justino Isaza Paz Vanegas, de 41 años, se convirtió la tarde de ayer miércoles, en la segunda de esas víctimas.
Paz Vanegas era una persona discapacitada, dijo su padre. De acuerdo con el familiar, una lesión en la rodilla derecha, cuando tenía ocho años, lo obligó a caminar con un bastón.
Su muerte se produjo cuando intentó cruzar por delante del autobús de nombre "Unigénito", de la ruta Pedregal Transístmica.
El hecho se dio en la calle que conduce al barrio de San Joaquín, frente al bar y restaurante La Pedregaleña, ubicado en el corregimiento de Pedregal.
Personal de la Sección de Investigación de Accidentes de Tránsito de la Policía Nacional empezó a recopilar información sobre la tragedia para asignar responsabilidades.
Maribel, testigo del accidente, dijo que el autobús no se detuvo porque no quería llevar a los estudiantes y por esa razón arrolló a la víctima.
"Gordo" era como sus amigos y familiares llamaban a Justino, y todos los días salía al centro comercial Los Pueblos y al Centro de Salud de Pedregal para distraerse, según Roberto, uno de sus vecinos.
Santiago Herrera, de 68 años, conductor del "diablo rojo" con matrícula 353640, dijo que no vio al peatón quien, supuestamente, pasó imprudentemente frente al bus.
DOLOR FAMILIAR ANTE LA PERDIDA
Michel, de 27 años, sobrina de Justino, dijo que su tío era un hombre amable y tratable. Ella supo de la muerte por una vecina que llamó a su casa. Todavía no ha podido asimilar su pérdida. La familia Paz Vanegas pidió justicia por la pérdida de una persona respetable y servicial, quien no merecía morir de esa forma.