Una vez sube a la tarima, la gente se agolpa alrededor suyo y no precisamente para ver movimientos sensuales como los que ha patentizado Sandra Sandoval, lo de ella va mucho más allá, su encanto no está en la figura, sino en su voz privilegiada, con la que puede subir o bajar en cualquier momento de la pieza, cualidad que con los años se ha convertido en el sello indiscutible del estilo montañero.
Para ser más concretos, Alfredo Escudero no tendría la fama de la que hoy goza sin ella; sin su Leonidas, su esposa y socia, pero por sobre todo su salomadora. La mujer que imprime fuerza a los toques del "Amo, dueño y señor de la cumbia", como se le conoce al máximo exponente de la cumbia panameña.
Leonidas Moreno, a ciencia cierta, puede ser considerada, sin temor alguno, como la última de las grandes salomas conque han contado los bailadores panameños, en especial a los acérrimos seguidores de la cumbia pura, un género que parece extinguirse.
La potencia de su voz es capaz de llenar a la más amplia sala, utilizando el tono agudo o grave de su grito.
Para Diamar Díaz Nieto, periodista y cantante lírica, Leonidas puede ubicarse dentro del rango de las soprano dramáticas, su voz alta y su amplitud de registro la convierten, según ella, en una voz privilegiada.
Mientras que para José Augusto Broce, violinista y licenciado en Música, la voz de Moreno denota mucha melodía, pero sobre todo posee una excelente interpretación que le permite hacer muy buenos falsetes.
"Su saloma interpreta", dijo Broce, indicando con ello que su grito gutural tiene la misma fuerza que la letra en una pieza.
Otro de los logros de Leonidas e igualmente de Alfredo son sus años de vida conyugal, casi los mismos que han tenido como artistas, (que el año pasado sumaron 40) y que les convierte en la pareja de artistas típicos más populares en la historia de nuestra música.
Lo cierto es que hablar de Leonidas Moreno es hablar de la saloma femenina panameña, una expresión única y que sólo consumimos los panameños.
Otro aspecto poco tratado de esta dama de la música, es el arreglo personal que desde sus inicios ha presentado en tarima, siempre ha representado a la mujer santeña que luce elegante y muy conservadora.