Las manzanas podridas dañan al resto. Esa situación se está registrando en algunas instancias de la Policía Nacional, por lo que urgen acciones urgentes para depurar a la institución de los uniformados que empañan su imagen.
Cada día el país se despierta con un escándalo que envuelve a un policía.
Usted se entera que están involucrados en extorsión, tumbe de drogas, asaltos y para colmo de males hasta utilizan los patrullas de la entidad para cometer el ilícito.
Con una patrulla se asalta una farmacia y luego otra brinda el servicio de custodia a sus compinches luego de robar en una residencia a varios extranjeros. Esta semana también se produce el caso de peligrosos reclusos que cavan un túnel de 25 metros en la cárcel La Joyita, sin que los custodios se den por enterados o no quisieron enterarse.
En un año más de un centenar de miembros de ese servicio de la Fuerza Pública han sido investigados por actos de corrupción, sin hablar del guardia de la esquina que pide su pequeña coima para no imponer una boleta a los infractores del Reglamento de Tránsito.
La corrupción es un mal que está minando a la sociedad panameña. No es un mal único del sector público ni de la Policía en particular. La cultura del juega vivo se observa en todas las instancias de la vida nacional y tenemos que hacer algo para rescatar los buenos valores.
Hay corruptos, como también corruptores que muchas veces tientan con su dinero a un funcionario con bajos ingresos que deja a un lado su tradicional honradez para caer en el camino sin retorno de la corrupción.