Las profundidades del alma se reflejan en completa conmoción incidiendo en las membranas del martirizado corazón, sesgando toda posibilidad que nos podría llevar al reino de la felicidad.
Los acordes movimientos del órgano vital, caen bajo el control de las intransigencias aceleradas, incitando todo el sistema color púrpura que irriga el conjunto estructural de nuestro organismo.
Las dolencias somática y del alma privan sobre la prolijidad serena que adornan los actos voluntarios que hacen del ser humano una pieza preciosa y clave del reino animal. Son los castigos incomprendidos de la vida que no hemos incentivado los que se hacen sentir cayendo sobre el hogar como un talud, sin medios, ni esperanza de poderlos contener. Un minusválido en la casa, perdida ya la juventud, de ojos apagados y hundidos como anillos que le falta la piedra que un día les prodigaron brillo y lucidez, la faz pálida y demacrada que a través de la piel se puede divisar la forma de sus huesos, impotente de movimientos corporales con dedos de pies y manos torcidos como consecuencias de la artritis romatoidea que padece, alejada del mundo exterior en el íntimo silencio como el habitante extraño de la mansión del dolor.
En este entorno de raras condiciones una pensión por invalidez le fue negada teniendo derecho y dos cartas le he enviado a la Primera Dama sobre este asunto, cuyas respuestas aún espero. Frente a esta situación desoladora y desorientadora sus padres hemos sufrido estoicamente los rigores del ultraje, menosprecios y desaires, como fruto de la incomprensión reinante que irónicamente nos puede ofrecer la vida.
Con derecho para aspirar por esa pensión se la negaron en el pasado, dando lugar a que el tiempo usara su borrador infame. Para unos hay de sobras y para otros nada, aún estando enfermos. Últimamente dijeron que el expediente había sido sacado para entregarle lo que le pertenecía a la enferma y aún estamos a la espera de lo que nunca llega. Las citas espaciadas en el Seguro nos obligó a llevarla a distintos Centros de Salud privados que según ellos, afectó la secuencia concurrente a los reumatólogos de la Caja. Jamás queremos pensar que la culpa diametralmente opuesta a cada pecado se expía aquí y después en la otra vida. ¡La profesora Denis Agudo R., merece su pensión por invalidez!