Panamá es un país aparte de bonito es muy peculiar. Es calificado casi un paraíso.
Tanto es así que hasta los "Carleones" (mafiosos) lo consideran sitio obligado de paso. Las últimas guerras callejeras de narcotraficantes, matones, tumbadores y apariciones estelares de pandilleros nos confirman la preferencia que muestra el bajo mundo por el istmo.
La seguridad pública de la nación es frágil. Los ajusticiamientos, armas y drogas son prueba indiscutible de este hecho. Desafortunada es la ciudadanía que escucha a altas autoridades señalar que no pueden calificar o entrometerse en asuntos dañinos para la sociedad civil.
Las instituciones garantes de la tranquilidad ciudadana se perciben politiqueras. Las razones para las cuales fueron concebidas se han empañado con acciones desatinadas.
Los "malax" están por todas partes. Hay una palpable desorientación social en las reglas de convivencia.
La corrupción tiene distintos enfoques en base a la experiencia personal de los involucrados y los afectados. Es la palabra de moda. Se ha convertido en herramienta favorita para acceder al poder.
Los humanos son pecadores por condición natural y el mayor crimen nació con la envidia e ingratitud hacia el crucificado. "Así es el mundo", es la sentencia que constantemente se usa a manera de justificación para una conducta colectiva.
Sin embargo, ¿qué de la actuación personal? Hay cabida para la reflexión individual...
En este país exuberante por sus riquezas tenemos como puerto seguro la intranquilidad. Una noche de estas, transitábamos por los alrededor del Parque Omar hacia nuestro hogar, cuando en la calle solitaria por donde circulábamos vimos delante una camioneta negra recorriendo esta avenida con las luces intermitentes.
Pensamos que se iba a detener, pero continuó y más adelante volvió en dos ocasiones más a bajar la velocidad, cosa que ya causó malicia.
La decisión fue rebasar el misterioso automóvil. Acción que también siguieron otros tres automovilistas. Ante situaciones como estas en el momento actual usted piensa en su seguridad, porque caras vemos pero corazones no sabemos.